El error del milenio

Por: Óscar Merino Guevara

 

 

Tuve mi primera computadora a los 12 años, cuando estaba en la secundaria; era una caja blanca, como se conoce a las computadoras que no tienen el logo de una compañía importante como Dell, HP, Compaq y que son más baratas por no tener la calcomanía en alguna parte. Mi papá la compró porque consideraba importante tener una aunque él no sabía usarla; aún no conocía el concepto analfabeta digital pero eso era. Corría el año 1997 ó 1998 cuando la computadora tomó su espacio en el escritorio para hacer las tareas, lugar donde también jugaba al futbol con mis muñecos que luego fueron sustituidos por jugadores pixeleados en un primitivo FIFA 97. Funcionaba bien y me era bastante útil, pero en 1999 se presagiaba que dejaría de funcionar por el llamado Y2K o el error del milenio. El cambio al año 2000 no sería reconocido por las máqunas y se esperaba, por lo menos, que dejaran de prender. El mundo se volvería más caótico. Los programadores no incluían el año 2000 en sus diseños y eso causaría todo.

 

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Entre las muchas cosas para las que usaba la computadora era bajar música, algo que me enseñó mi primo Carlos, lo que se hizo cotidiano para mí. De hecho él no tenía ordenador y pasaba todos los fines en la casa usando la nuestra. Él me contó que en USA era un delito su descarga.

Entre la música que bajé estuvo la de Nirvana. Ya había pasado su época aunque la recordaba con gusto porque era lo que escuchaban los amigos de mi hermana en 1994-1995. Gracias a Nirvana descubrí el término generación X, nombre dado a lo nacidos entre 1960 y 1980. Cobain, el vocalista, era el representante del desencanto de la generación, quien se suicidó en 1994. No llegó al Y2K. Quizá no estaba diseñado para soportar esos años y su sistema colapsó antes de tiempo. Años después me encuentro escribiendo esto frente a una computadora con un logo, trabajando ocho horas y a veces siento que colapsaré como Cobain. Soy de otra generación, la Y o millenial, pero el desencanto es el mismo.

 

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Corre, Lola, corre.

Lola, originaria de Amealco, estudió ingeniería en el ITESM contra el consejo de sus padres, quienes le decían que eso no era para mujeres. Contra las estadísticas terminó la carrera y es de las pocas mujeres que terminaron la ingeniería en mecatrónica. Por sus padres, Lola sabe que el esfuerzo y el trabajo duro dan frutos. 

Lola ha esperado pacientemente aquellos frutos prometidos. El esfuerzo no ha faltado aunque después de tres años en la empresa no ha tenido un aumento considerable en su sueldo. Le dicen que el motivo es el cambio de área que realizó al año y medio de su estancia en la empresa. Como tuvo que volver a iniciar, entonces no podían considerar la experiencia previa. Después de año y medio en la nueva área y de desempeñar bien su trabajo los resultados motivo del esfuerzo no llegan. Como aprendió de sus padres, sabe que hay que ser pacientes, aunque no sabe qué tanto. No cree que reciba pronto un aumento a pesar de que su jefe siempre le repita que hace un buen trabajo. El pasado 8 de marzo su jefe la felicitó junto a sus demás compañeras por ser el día de la mujer. Lola no se define feminista, pero algo le molesta.

Su jefe, me dice, se queja de los millenials. Colegas suyos, ambos sexos, han renunciado por distintas razones y su jefe solo puede decir que los culpables son la también generación Y, debido a su irresponsabilidad y falta de esfuerzo. No hablaré de datos estadísticos sobre la proporción de millenias, generación X y baby boomers que coexisten en el mundo laboral y que respalden esta crónica, pues esta no es una crónica seria. Hablaré de memes, solo hace falta googlear "millenials memes" para darse cuenta que somos los culpables de todo. Otros artículos dicen que somos una generación mimada y que nos dieron tanto, que todo se nos hace poco. Otro artículo habla con una bonita metáfora sobre el césped, de cómo las generaciones anteriores tuvieron el pasto verde y entonces nosotros quisimos tener flores. Otros hablan de la teoría del unicornio y de expectativas contra la realidad. Somos narcisistas, queremos todo inmediatamente, no somos pacientes. En fin, somos lo peor.

Lola me dice que en la empresa todo lo quieren rápido, quieren que todo se automatice y con escaso tiempo para hacerlo, pero se debe hacer. Piden todo rápido y el sueldo, ese sí, tiene que ser lento y hay que ser paciente y esperar. En sus ojos hay molestia. Recuerdo los memes y veo a las personas detrás de esas imágenes que inundan las redes sociales.

 

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−Como Lola, soy millenial. De los nacidos en los ochenta.

−Crecí escuchando a Nirvana y al hablar con ella resuena en mí Come as you are -Take your time, hurry up, the choice is yours, don't be late.

−Recorre en mí el fantasma de Marx diciéndome que lo único que tenemos es nuestra fuerza de trabajo.

−Crecí también con el levantamiento zapatista y escucho al sub con sus poéticas palabras decir: "¿De qué nos van a perdonar? ¿De qué tenemos que pedir perdón?". Y me respondo: de prepararnos, de lograr lo que ellos no pudieron y de lo que nosotros podemos hacer, pero no les gustan nuestros cómo.

−Veo a Lola a los ojos y recuerdo la cinta alemana dirigida por Tom Tykwer. Somos el error del milenio. Nos programaron mal y nos culpan de ello. Somos un caos.

 

 

 

 
 

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