Trainspotting 2, que 20 años son nada…

Por: Víctor López Jaramillo

 

 

Para aquellos antiguos compañeros…

 

Quizá José Emilio Pacheco se equivocó cuando en su poema “Antiguos compañeros se reúnen” sentenció:

 

“Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los 20 años".

 

La primera pregunta es que si 20 años después eres todo aquello contra lo que luchaste. Si uno ve la segunda parte de Trainspotting llegará a la conclusión contraria: pese a todo, uno sigue siendo el mismo que hace 20 años. Quizá el ficticio médico Gregory House siempre ha tenido la razón: La gente no cambia.

Y todo ello lo resume la segunda entrega de Trainspotting. La síntesis la hace el personaje Begbie cuando se sincera ante su familia:

 

“El mundo cambia aunque uno no cambie.”

 

Ya desde la primera parte, tanto el director Danny Boyle como el escritor Irving Welsh lo habían anticipado cuando Diane intenta hacer recapacitar a Mark: el mundo cambia, la música cambia, hasta las drogas cambian aunque él siga escuchando a ese Ziggy Pop. Es Iggy Pop y sigue vivo y de gira, responde molesto Mark aunque se niega a cambiar.

Trainspotting fue un hito generacional de los años noventa. Un resumen de la generación X y la infantilización a la que había sido sometida. A ese síndrome de Peter Pan de negarse a crecer tan presente en muchos miembros de la generación y que ahora los jóvenes millenials los denominan chavorrucos.

Trainspotting, que en México llevó el cursi subtítulo de La vida en el abismo, es la historia de un grupo de jóvenes escoceses en un Edimburgo decadente, y en donde se ven atrapados en la adicción a la heroína y, como Mark, uno de los personajes principales, intenta huir de su destino e intenta rehacer su vida en Londres solo para encontrarse que su vieja vida lo alcanza y vuelve a sumirse en esa miseria moral de la que tanto intentaba escapar. En la escena final de la primera parte vemos a Mark huir con un maletín de dinero traicionando con ello a sus viejos compinches para intentar rehacer su vida en otro lado.

Pero dice el tango que contra el destino nadie da la talla y 20 años después Mark tiene que volver a enfrentarse a sus viejos fantasmas y darse cuenta que en realidad no ha cambiado tanto y sigue siendo todo eso que detestaba.

Tras ver a su camarada Spub y demostrarle que los adictos como ellos no cambian, solo tienen que cambiar de adicción, como correr o boxear o escribir como lo termina haciendo el propio Spub, decide enfrentar a esos viejos fantasmas del pasado.

 

“— ¿Y qué has hecho Mark… estos últimos 20 años?”,

 

le pregunta Simón, previamente conocido como Sick Boy, y antes de enfrascarse en una pelea que debió tener lugar dos décadas antes, Mark dibuja una vida idílica en Ámsterdam con hijos imaginarios y un amor que ya no existe.

Finalmente, Mark admite su desplome. Su vida es un fracaso, como en realidad son todas las vidas, y tiene que volver a su lugar de origen 20 años después donde todo ha cambiado pero la gente sigue igual.

Pese a lo que pudiera pensarse, la película no es una oda a la nostalgia, quizá solamente en la selección de la banda sonora, toda vez que el movimiento musical Britpop hace años tocó fondo y no ha habido otro que tome su lugar.

Dice Ernesto Sábato que solemos decir que todo tiempo pasado fue mejor no porque así haya sido sino que la gente simplemente tira sus malos recuerdos al olvido y solo se queda con la parte buena. Por eso la glorificación del pasado y la añoranza de los años perdidos de la juventud.

Y en esa línea argumentativa va una de las ideas centrales de Trainspotting 2:

 

“No seas un turista de tu pasado”,

 

Le recrimina Simón a Mark cuando empiezan a recordar sus desventuras juveniles. La mierda pasa y nos pasó, parece resumir Simón, pero exige no estar anclado a ese pasado. Y exige vivir un vertiginoso presente como si 20 años no hubieran pasado.

La Generación X fue heredera de esa frase punk del No hay futuro, solo para descubrir que estaba equivocada. En realidad sí hay un futuro y en un momento tiene que enfrentarse. No es un futuro de ensueño, es un futuro de porquería pero se tiene que desafiar.

En un desplome de la mediana edad, Mark cuenta que sufrió un infarto y que la medicina moderna lo ha sanado y le garantiza otros 30 años más de vida… “¿Qué voy a hacer yo con 30 años más de vida? Sé cómo desperdiciar dos o tres, ¿pero 30?”, se pregunta un desesperado cuarentón ante la temible incertidumbre del futuro. Las mismas dudas juveniles están presentes a los 40. Y seguirán a los 60, parece.

Y una de las lecciones que deja Trainspotting 2 es que no necesariamente la edad te vuelve sabio, sino como una vez le comenté a un amigo: “simplemente uno tiene menos energía para hacer tonterías”. La sabiduría no la da el tiempo, es más, quizá ni sea cierto eso de que el diablo sabe más por viejo que por diablo.

Trainspotting 2 le da continuidad a la historia mítica filmada en los noventa y que hacía referencia al arte de perder el tiempo mirando los trenes pasar. No todas segundas partes fueron malas. Es una demostración de que, aunque el mundo cambie, la gente no cambia y sigue conviviendo con sus demonios.

Sí, creo que por esta ocasión don José Emilio Pacheco se equivocó:

 

“Seguimos siendo lo mismo que hace 20 años. Y desde entonces ya luchábamos contra nosotros mismos”.

 

 

 

 
 

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