El arte en Aristóteles | Significado y vigencia de algunas ideas aristotélicas

Por: Mtra. Alejandra Lobato

 

 

Esta columna se encargará de hacer una revisión simplificada y comentada de la historia de la estética, con el fin de que vayamos revisando conceptos, autores, teorías y planteamientos que nos den una luz, una orientación hacia una comprensión más fina del debatido y ambiguo problema filosófico de definir, aproximarnos y disfrutar la experiencia del arte. Espero disfruten este ejercicio en estas páginas de Saltapatrás.

Dado que para muchas personas basta el nombre de Aristóteles para sentir una mezcla de respeto y pánico intelectual, quisiera comenzar esta colaboración justamente con él, con el fin de aterrizar para un lector no especializado en estos temas, algunas de las ideas de este importante pensador, con el fin de explicarlas de forma sencilla pero también con el objeto de evaluar su vigencia para el arte en la actualidad.

Aristóteles es uno de los pilares de la filosofía clásica, nació en la polis de Estagira, en antigua Grecia, por lo que se le conoce también como el filósofo estagirita. Dentro de los muchísimos temas que abordó a lo largo de su vida, el arte fue uno de ellos, aquí analizaremos cuatro aristas de su pensamiento en torno a ello: la mimesis, la belleza, el factor tiempo/espacio y la función o fin del arte.

 

MÍMESIS

Según Aristóteles el arte debe imitar la naturaleza, y mientras más precisa resulte la imitación, se considerará un producto artístico mejor logrado. Esta categoría de imitar es la mímesis. Para este pensador, como para muchos de los clásicos, la mímesis es el núcleo del arte pues debe imitar al hombre en tanto naturaleza, pero imitarlo para acercarlo al ideal: lo bello como producto artístico, lo será en mayor medida en tanto que imite ese ideal, la versión más pura y perfecta del ser.

En cuanto a su vigencia: ¿Qué pensamos actualmente de ese planteamiento? Podríamos afirmar que es un criterio históricamente superado, sin embargo esto, como generalización, es falso en tanto que muchos artistas siguen copiando la realidad en forma de paisajes, retratos, descripciones literarias, etc. De modo que, aunque la mímesis no es una categoría imperativa del arte actual, no podemos afirmar tampoco que ha quedado en el pasado o ha perdido completamente su vigencia. Baste como prueba que una enorme cantidad de personas en el presente valoran por sobre el arte abstracto, el arte imitativo como el retrato.

 

BELLEZA

Entre muchos y diversísimos temas que abordó este famoso personaje, el tema de la estética y, en ella, de la belleza, fue uno de los asuntos sobre los que nos dejó interesantes ideas; en principio él sostenía que lo bello está en la esencia de las cosas y no en la intervención del sujeto; esa esencia de lo bello se refleja en características concretas como el orden, la simetría y la precisión.

Es interesante evaluar la vigencia de esta comprensión de la belleza frente al momento histórico actual: los contemporáneos no somos afectos a conformarnos con encontrar orden, simetría y precisión en la obra artística, más bien nos suenan acartonados o tiesos si no es que reduccionistas o limitantes para la creatividad y la libertad de un creador. Aunque siempre habrá opiniones diversas, es poco probable que alguien en la actualidad defienda el orden, simetría y precisión en una obra, como suficientes para considerar este resultado como arte.

Sobre esta misma categoría dice que lo bello es un resplandor de lo bueno y lo verdadero, esto es: si algo tiene bondad y verdad, entonces brillará y ese brillo es la belleza. Dentro de esta metáfora lumínica cabe también la explicación de que la belleza en tanto brillo, dota y alimenta el entendimiento.

Simplificando estas ideas encontramos que lo que nos decía Aristóteles es que la belleza, lo bello, nos ayudará en una mejor comprensión del mundo. Esta perspectiva es bastante tentadora: comprender la belleza es una vía para alimentar nuestra inteligencia. ¿Qué vigencia tiene este criterio? Es difícil responder de forma generalizada, en un sentido personal la idea resulta altamente atractiva, y en todo caso la defendería como un elemento válido para justificar un producto artístico.

 

TIEMPO Y ESPACIO

Un criterio más que se puede extraer de sus ideas es que el arte debe ser impersonal e ir más allá de la contingencia temporal. Una definición de arte universal podría caber en esta condición: lo que supera las barreras del tiempo y del espacio y, aun así, crea un vínculo o se comunica de alguna forma con los hombres, con el espectador, el lector, el receptor de la obra. Aristóteles sostenía que el artista busca lo imperecedero y lo eterno.

¿Qué cosa que trasciende el tiempo y el espacio puede no ser vigente? La pregunta contiene la respuesta: lo que ha pasado de sitio en sitio y de generación en generación, y se sigue considerando algo que debemos atesorar, heredar, compartir, justifica su posición en una categoría vigente de arte. Pensemos en la epopeya de Gilgamesh, o en la Victoria alada de Samotracia: la epopeya nos habla del miedo a la muerte y el deseo de inmortalidad, la escultura nos despierta admiración por su técnica pero a la vez despierta una serie de emociones y sentimientos que son perenemente humanos y por ello trascienden las barreras de tiempo y espacio. Así pasa a las grandes obras y por ello me atrevería a afirmar que este criterio es el más difícil, pero una columna vertebral cuando tratamos de definir si algo es o no, arte universal. 

 

FUNCIÓN DEL ARTE: PURIFICACIÓN

Por último en esta primera entrega, analizaremos la función de arte para el estagirita. Él sostiene que esta función es la purificación: ser creador pero también receptor de arte es la vía para liberar nuestras emociones no resueltas, de esta forma el esplendor estético es un libertador y esa libertad es la que nos produce placer. Aquí parece dar en el clavo de uno de los motivos que nos llevan a los seres humanos a buscar, producir y exponernos a productos artísticos: hay un placer en ello y, como tal, nos resulta atrayente, pero Aristóteles agregará que ese placer es resultado de que nos sentimos liberados de nuestras emociones. ¿Qué tan vigente es esta función? Bien, siendo sinceros y nos guste aceptarlo o no, nos parezca algo banal o válido, el arte hace que vuelvas los ojos a tus emociones, y en este sentido se defiende en alguna medida la vigencia de esta propuesta aristotélica, sin embargo, que el resultado de esa exploración sea la purificación es algo más discutible. ¿Qué piensa a este respecto usted? ¿El arte le sirve para purificar sus emociones?Y, como suele pasar con estos temas, dejamos esta reflexión con algunas preguntas sin respuesta, pero al menos hemos revisado que algunas de las ideas aristotélicas sobre el arte aún están vigentes y nos pueden ayudar a orientarnos frente a nuestras opiniones y a formar algunos criterios para aproximarnos al ámbito de la creación.

 

 

 

 
 

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