El teatro de hacer cine

Por: Emilia Michel

 

 

Estábamos en un bar mi novio, sus dos amigos sociólogos y yo. La plática empezó con una premisa de uno de esos estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas: “Hacer una película, es más fácil que escribir una novela”.

Lejos de pelearme con la literatura, mucho más de que mi intención sea convencer de la falsedad de dicho supuesto y sin interés por recurrir a estas listas famosas para resaltar lo más destacable de la cinematografía, me encantaría compartir la aventura de cómo se vive una producción audiovisual.

Para hacer una película se necesita mucha pasión y mucha convicción.

Primero, tener una historia, una buena historia, de esas que merecen ser contadas. Escribir un guión, reescribirlo, tirarlo, reconciliarte con él. Borrarlo y empezar de cero. Reescribirlo. Imaginar los espacios. Describirlos. Escoger las palabras correctas para escribir los diálogos de cada personaje. Dibujar a los personajes. Pensar en los vaivenes emocionales de la historia. Pedirle a tus colegas que la lean. Considerar las críticas. Conseguir patrocinios. Vender el coche. Buscar la locación ideal. Encontrarla. No dormir. Modificar el guión de acuerdo a los requisitos técnicos. Hacer casting para todos los personajes. Encontrar el actor perfecto para el personaje que nació en tu cabeza. Diseñar la fotografía. Planear la mejor iluminación. Seguir empeñando. Pedirle a tu mamá sus cosas para usarlas de utilería. Diseñar el mejor vestuario. El maquillaje. Imaginar la música de la película. Conseguir a los músicos. Encontrar la mesa ideal, el árbol perfecto, los mejores colores y el jardín correcto. Planear el diseño sonoro. Conseguir todo el equipo técnico. Vender una de tus colecciones favoritas. No dormir. Pensar qué comerán en las jornadas de 20 horas. Seguir al pie de la letra los días de rodaje. Decir "¡audio, cámara, acción!" decenas de veces, solo para llegar a tan ansiado “corte”. Buscar más patrocinios. Hacer la postproducción. No dormir. Debatir escenas entre una mirada y otra, una sonrisa y otra. No dormir. Encontrar el ritmo perfecto de edición. Buscar plataformas de difusión. Difundirlo... Todo ello, solo para ver proyectada esa historia que merecía convertirse en película.

Esto posiblemente luzca como un proceso muy abrumador. Lo es. Pero para los que nos dedicamos a esto, invertir tiempo en escoger lugares y colores es lo que nos hace feliz; discutir la historia y crear empatía con los personajes nos llena de vida. Pero no todo es felicidad, ni ideas, ni pasión, ni amor, ni apoyo. También nos enfrentamos a muchos problemas, obstáculos y dilemas. Invertimos un enorme esfuerzo para poder vivir de nuestra creatividad y encontrar la financiación y las mejores vías de distribución de nuestras propias obras.

Crear es emocionante y a pesar de los frecuentes dilemas de producción es muy posible realizarlo, sin embargo, exhibir en México es en sí toda una odisea. México cuenta con una infraestructura cinematográfica de primera calidad. En 2009, con 180 millones de entradas vendidas, México pasó a ser el quinto país del mundo en el número de entradas, incluso pasamos los niveles promedios de grandes potencias y productoras fílmicas como Reino Unido, Japón, Alemania y Rusia. No obstante, aunque tengamos más de 4 500 salas en todo el país con toda la infraestructura necesaria, los cines apenas estrenan películas nacionales independientes. Las películas internacionales son las que suelen llenar las salas y en todos sus horarios posibles. Las películas mexicanas que logran estrenarse en pantallas de cine locales suelen caer en un círculo vicioso: los cines las dejan en cartelera por una semana, para posteriormente darle entrada a un filme -internacional- que produzca más ganancias, ya que deben de saber, que los cines se quedan con cerca de la mitad de lo que deja una película. Y así entramos al vertiginoso y pausado proceso de asfixia comercial. Por ello, estos filmes no tienen oportunidad de expandirse ni de crearse un público mediante el boca a boca. Entonces, para solucionar la situación, el Gobierno mexicano mediante una nueva ley, obliga a los dueños de la mafia del cine a mantener en cartelera, películas mexicanas durante mínimo dos semanas, solamente si son óperas primas de su director, sin embargo, los administradores del negocio han encontrado una manera de evadir tal obligación: exhibiendo las producciones nacionales en terribles horarios laborales y nocturnos, justamente cuando la audiencia es estadísticamente más escasa.

En muchos otros países, los gobiernos otorgan financiaciones en cada paso del proceso cinematográfico -preproducción, producción y postproducción-, incluso, también las televisoras compran por anticipado los filmes y sus proyecciones. En nuestro país, muchos de los realizadores, terminamos haciendo cine con fondos propios.

Nos podemos topar con un sinfín de problemáticas y de trabas, pero siendo conscientes, en cuanto a la industria del cine, de nuestra situación actual nacional, es a nosotros a quienes nos toca generar y proponer alternativas. Los proyectos grandes, requieren de lucha y demasiada perseverancia. Como dice Alfonso Cuarón, para que uno pueda ser director, uno debe de ser un guerrero invencible de los problemas cotidianos a los que se puede enfrentar.

Hay que aprovechar todo lo que sabemos y lo que conocemos. Si tienes una tía que tiene una escuela, escribe una historia que se desarrolle en una escuela. Compra ropa vieja en los tianguis para comenzar a hacer tu catálogo de vestuario. Ve tutoriales sobre maquillaje. Ve a pláticas y proyecciones locales. Fíjate en todo lo que tienen y usan los demás, se observador; haz un inventario mental. Lee. Lee. Lee. Lee. Lee. Lee. Sigue en las redes sociales a gente que se dedica a lo que tú quieres hacer. Cuando te enteres de rodajes, ofrécete como voluntario. Ve mucho, mucho, mucho, mucho cine. Sé crítico, pero también sé realizador. Conoce empresas y proveedores. Haz relaciones públicas, las vas a necesitar. Conoce de equipo y tecnicismos. Exponte, busca críticas y opiniones. Busca plataformas de difusión. Compártelo sin parar. Haz acuerdos con foros, páginas web y exhibiciones. Busca festivales e inscríbete en todos. Encuentra medios para que tu arte se sienta y se vea. No dependas solamente de los apoyos institucionales. Ten en cuenta todos estos problemas y haz algo al respecto.

Hacer una película en México, o incluso un cortometraje, sigue siendo una lucha. No es imposible, pero sí es difícil. Hay que buscar manera de gozar una rica preproducción, de disfrutar horas de producción, de deleitarse con una hermosa postproducción y saborear los frutos de tanta pasión.

 

 

 

 
 

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