Cineteatro Rosalío Solano, postales del cine en Querétaro

PorMaximiliano Kopca Cubos

 

 

Cuando el cine llegó a Macondo, la gente se indignó al ver que el hombre que murió en el filme anterior, por el cual lloraron de aflicción, reapareció vivo y disfrazado de árabe en otra película más reciente. Tal fue su enfado que desbarataron la sala del teatro en un motín incitado por la ofensa de dicha burla. El alcalde del pueblo explicó que “el cine era una máquina de ilusión que no merecía los desbordamientos pasionales del público”. Estimando esa explicación desalentadora, muchos se sintieron víctimas de algún truco de gitanos y no volvieron al cine ya que “tenían bastante con sus propias penas para llorar por fingidas desaventuras de seres imaginarios”.

Lo que los habitantes de la novela de García Márquez no consideraron es el potencial que Umberto Eco señala de las novelas literarias populares: aquel individuo que es víctima de la fascinación de vivir la experiencia onírica de la fantasía, se consuela con imágenes de justicia impartida por otros y así olvida que en la realidad esa justicia le ha sido arrebatada.

Actualmente, el debate solo ha aumentado. ¿Existe un entretenimiento de diversión pura sin implicaciones ideológicas? ¿La catarsis provocada es positiva o negativa para la audiencia? Y en la era de los contenidos disponibles en plataformas digitales listos para el goce a domicilio, las salas de proyección se convierten en una actividad nostálgica artesanal y la salida al cine se transforma en una reunión con intereses primordialmente sociales.

En las ciudades, a pesar de la proliferación de los modernos multicinemas –símbolo del avance económico que trae consigo la apertura de cada nueva plaza comercial– existen y sobreviven espacios históricos dedicados al séptimo arte. En Querétaro, exactamente desde el inicio del siglo XX, la calle 16 de septiembre ha sido el lugar dedicado a las proyecciones cinematográficas en la ciudad. En el presente la importancia recae en el Cineteatro Rosalío Solano, sin embargo, cuando un nombre se repite con insistencia, se olvida aquello que nombraba. Así, al evocar con la frase Vamos al Rosalío, se oculta la historia que está detrás de la palabra, y no solo se minimiza a la persona sino también al edificio, en su cualidad de espacio con memoria.

La persona es el director de fotografía del cine mexicano Rosalío Solano Quintanar (1914-2009). Nacido en el pueblo de Bernal su nombre bautizó el Cineteatro en homenaje por ser el queretano más sobresaliente en el campo de la cinematografía. En su trayectoria obtuvo dos Arieles de Plata y un Ariel de Oro, los premios de más prestigio otorgados por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

El inmueble se localiza enfrente del Jardín Guerrero, en el Centro Histórico de la ciudad de Querétaro. Al igual que la mayoría de los edificios del centro de la ciudad, este recinto fue parte de una propiedad eclesiástica heredada de la época colonial: el convento de Santa Clara. Este abarcó desde la fuente de Neptuno y en la extensión de Jardín Zenea al Jardín Guerrero.

La historia del Cineteatro remite a la historia misma de la incursión de cinematógrafo en la ciudad. En el artículo El cine en Querétaro, publicado en la Revista Querétaro en 1987, David Rafael Estrada Correa cuenta la cronología y detalles de la captura y proyección de movimiento y su incursión en la entonces pequeña provincia del bajío mexicano.

El invento de los hermanos Lumière fue patentado en 1895, y bajo sus órdenes fueron enviados empleados suyos a presentar y grabar en diversos rincones del mundo, desde la Rusia zarista hasta el México porfirista. Así, el 28 de septiembre de 1900 se realizó la primera exhibición del cinematógrafo en Querétaro, en el Teatro Iturbide –hoy Teatro de la República.

 

La construcción del Teatro Iturbide comenzó en 1845, bajo la dirección del Arquitecto Camilo Sangermán, y se concluyó en 1852.

 

Según José Antonio Rodríguez, en su artículo El cine mudo en Querétaro, 1897-1921. Las tandas del Iturbide, las presentaciones del kinetoscopio de Edison y unas proyecciones del cinematógrafo se realizaron antes de 1900. Pero debido a enfermedades en la ciudad y el arraigo cultural que le otorgaba más prestigio al teatro, esos eventos no causaron gran relevancia hasta septiembre de 1900.

En 1904 la empresa Morrison y Villagrán establecieron la primera sala cinematográfica en la ciudad de Querétaro, en la casa número 14 de la entonces calle 5 de Mayo –en 1987 es Madero Poniente 12, actualmente una pequeña plaza comercial entre Jardín Zenea y la calle Allende.

En 1908 se inauguró, en la calle Juárez, el Salón Pathé –en 1987 era el Sears enfrente del Jardín Zenea–. El 23 de febrero de 1913, durante una función, este salón de proyecciones se incendió. En el artículo citado, se tomó el testimonio de un asistente que relató que hubo muertos y heridos. Para David Estrada, este evento dejó un trauma en la ciudad. Fernando Díaz Ramírez relató que “fue una hecatombe, con gran cantidad de lesionados y la destrucción total del salón de madera, el manipulador encerrado en la caseta, apenas lo pudieron sacar y quedó baldado, quemado, casi inválido, para toda la vida (…) y monstruoso”. Dos años después se inauguró el Salón Ideal, también de proyección cinematográfica y en el mismo lugar.

En esa época, y con los requerimientos técnicos necesarios para la proyección, el riesgo de un incendio en una sala de proyección era común. Lo relata la película Cinema Paradiso y, posteriormente, se ha incrustado en la memoria fílmica. Un incendio en un cine es simbólico y representa una época en la historia, la vemos en el ataque terrorista redentor de Bastardos sin gloria y en el intento por consumar literalmente una vida en El artista –ambos usando las antiguas cintas fílmicas.

En 1918 apareció un anuncio en los medios locales con el lema “Dime a qué Cine concurres y te diré quién eres…” (sic). Fue un promocional del primer cine de arte de Querétaro, en el Teatro Iturbide, a cargo de Francisco Bandera Muñoz. El cartel termina afirmando que “Concurrir al Teatro de la República es señal de que se tiene buen gusto”.

Ante la exigencia popular por más cine, se presentó en varias ocasiones un cine público que colocó una pantalla sobre la azotea del Banco de Querétaro –hoy banco Banamex en la esquina de 16 de septiembre y Juárez, frente al Zenea–, y se proyectó desde la contra esquina en el Hotel Jardín –hoy Hotel Plaza.

En 1929 se inauguró el Cine Goya, ícono de Querétaro por años. En este recinto se presentó en exclusiva el primer filme sonoro de la cinematografía mundial. David Estrada escribió una apología sobre este cine que permite conocer los detalles de su importancia en El cine goya: el cine de nuestros abuelos.

 

Vista de la calle 16 de septiembre que se prolongó al demoler el Cine Goya, en la cual se ubicaba en 1948. 

 

En 1945, paralelamente al año en que terminó la Segunda Guerra Mundial, se inició en Querétaro la triste tradición de destruir los cines con la excusa del progreso. El gobierno de Agapito Pozo ordenó la demolición del Cine Goya para la apertura de la actual calle 16 de septiembre. De ese lugar también se dice que fue la tienda de Epigmenio González en época de la conspiración, sitio en el que guardó y fabricó armas para la Independencia.

Casi inmediatamente se anunció la construcción de dos nuevos cines en el centro: El Plaza y El Alameda. Ambos tuvieron relevancia en la historia local y ambos no existen en la actualidad, pero solo El Alameda mantiene una reminiscencia importante, ya que décadas después él se transformó en el actual Cineteatro.

De El Plaza se recuerda como el cine más grande de su época. Su arquitectura majestuosa sobresalió aún en su ubicación. En él tomó posesión el gobernador Juan C. Gorráez –lo que describe por sí mismo la importancia y magnificencia de este edificio. A pesar de todo esto, el cine quebró y los nuevos dueños del inmueble decidieron demolerlo para construir un centro comercial sin más diseño que los de un simple cajón, solo conservando los arcos del portón del antiguo cine. El Plaza se inauguró en 1947 y se derribó en 1979, para dar lugar a la actual tienda Del Sol, frente al Jardín Zenea.

 

Teatro Cine Plaza en 1950.

 

Luis R. Montes fue el empresario del Bajío que se dedicó al negocio de los locales de proyección cinematográfica. Nació en Guadalajara y construyó cines en Acámbaro, Celaya, San Miguel de Allende y en Querétaro fue de su propiedad el Cine Goya, El Plaza y El Alameda.

El Alameda se inauguró el 11 octubre de 1946 con la película A propósito de Buñuel. Con un espacio para 2 100 espectadores se dijo que era “un teatro digno de Querétaro”. Fue el sitio cuyas salas permitieron la unión y la transición del teatro y el cine. Posteriormente se amplió con la sala Alameda II.

Cuando la ciudad comenzó a crecer exponencialmente, se inauguraron diversos cines. En 1959 el Cine Reforma, en 1977 el Cine 2000 –en el que se hizo gala de presentar muestras internacionales–, en 1982 el cine de la nueva Plaza de las Américas. Posteriormente la CTM construyó y administró los cines El Dorado I y II, y el Cine Hércules estuvo presente más allá del final de los arcos. Ante tales hechos, el Cine Alameda perdió importancia y poco a poco entró en decadencia.

La noche del sábado 11 de mayo de 1996, según relata el Diario de Querétaro, se realizó la entrega oficial del antes Cine Alameda al gobierno del estado. El propietario, Juan Arturo Torres Landa, permutó el inmueble en una presentación de gala de una obra de teatro en el antiguo cine. Se tomó la decisión de no destruir el lugar y con la responsabilidad y necesidad de la restauración se direccionaron las obras para “construir, rescatar y preservar”. Así, en febrero de 1997 se inauguró el Teatro de la Ciudad, y con la remodelación del 2000 se reinauguró como Cineteatro Rosalío Solano el 31 de agosto de ese mismo año.

El Cineteatro Rosalío Solano es el último vestigio de los históricos cines del centro de la ciudad. Tiene la actual tarea de presentar filmes alternativos a los ya muchos multicinemas en la ciudad, que ha cambiado de provincia a metrópoli industrial. También, con el título de Teatro de la Ciudad, conserva la responsabilidad de albergar puestas en escena, conciertos de filarmónica y presentaciones especiales, desde ceremonias escolares hasta eventos políticos.

Parte de la importancia que ha recobrado este edificio se lo debe a los proyectos que se apropian de él para presentar filmes, cortometrajes, animaciones y documentales. La muestra internacional de cine que organiza la Cineteca Nacional, en las que manda algunas de sus películas al Rosalío. En las animaciones se encuentra el CutOut Fest, endógeno de la ciudad de Querétaro, festival de cortos de animación en competencia internacional. También, en el género de documentales, se encuentran el proyecto local DocumentaQro, con sus reconocidas proyecciones de medianoche, y la Gira Ambulante, proyecto nacional que busca la difusión de estos filmes, tanto nacionales como internacionales y que ha propiciado empezar a debatir sobre temas controversiales que encuentran su voz en los documentales.

 

 Cineteatro Rosalío Solano.

 

El ocio con el que se asocia el ver cine se sobrepasa con los materiales de innovación y retórica crítica, que incitan a extrapolar los juicios de las películas al mundo circundante. Sin embargo, hay que recordar el lema publicitario del Teatro Iturbide “Dime a qué cine concurres y te diré quién eres”, pues en la intención de obtener prestigio y distinción sobre los demás, se encuentra la amenaza de la publicidad clasista y la segregación.

La “señal del buen gusto” de estos filmes alternativos que se presentan en el Cineteatro radica en alejarse de las películas comerciales de fácil legibilidad, pues ellas tienen interés comercial que requiere la accesibilidad de un estrato más amplio de la población. El cine de arte intenta sobrepasar la simpleza, la superficialidad, los temas trillados y estilos conocidos y repetidos hasta la saciedad. No obstante, a veces su lenguaje exige una alta comprensión del mismo, permitiendo el estigma de que las películas de este estilo son sumamente simbólicas, sin aparente sentido e incomprensibles, lo que en última instancia significa la negativa a verlas.

Otra de las desventajas, o retos del Cineteatro, son las nuevas dinámicas de la ciudad consecuentes a su crecimiento. La extensión territorial de la ciudad acarrea problemas de seguridad en varios puntos de ella, sumado el deficiente sistema de transporte público para acceder desde los márgenes a las proyecciones que se realizan en horarios nocturnos y, finalmente, con la responsabilidad histórica que se cierne sobre él y el riesgo de quedar restringido por la accesibilidad, espacial y cultural, el Cineteatro se encuentra en la disyuntiva de elegir una identidad para la posteridad.

 

 

 

 
 

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