En defensa de los barbarismos y otras cosas

Fotografía: Donna Oliveros

 

 

Anna Styczynska, antropóloga que podríamos llamar parcialmente polaco-mexicana,  pues parece querer quebrar estas identidades, a fin de cuentas ficticias, con una versión crítica del oficio de la traducción, es quien dirige el ala mexicana de la editorial la mirada salvaje. Según se le vea, el oficio crítico de la traducción, o la barbaridad de hacer traducción bárbara, puede ser un oficio tan emocionante como tranquilo, pues como ella misma dice “me convertí en una monja; casi lo único que hago además de dar clases y vender los libros, es leer y escribir, o traducir: leer lento y escribir lentísimo”. Estuvimos platicando con ella sobre los libros que tienen publicados, su visión de la traducción, la vital importancia de la jerga y otros asuntos no menos importantes. Les dejamos acá abajo la entrevista.

 

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Háblanos un poco de tu proyecto editorial: ¿Cómo surge? ¿Cuánto tiempo lleva? ¿Qué títulos tienen hasta el momento?

El proyecto editorial nace en Bolivia en 2010 con una colección de ciencias sociales, visiones no domesticadas sobre lo indio en Bolivia. Es el trabajo del periodista mexicano Luis Gómez. Yo lo conozco en La Paz y gracias a él, poco a poco empiezo a involucrarme en cuestiones editoriales. Llegando a México, le cuento sobre un libro que quiero traducir y henos aquí… la mirada salvaje se funda en México en 2013. Visiten nuestra página web, ahí tenemos una breve reseña de cada título: http://www.lamiradasalvaje.info/.

 

Tú trabajas, aparte de editora, traductora, ¿no es así? Cuéntanos, ¿cuál es la importancia de la traducción dentro de la propuesta de tu editorial?

La traducción es crucial. Es la razón por la que surgió la editorial en México. Bueno, la traducción y el amor por La fiebre blanca, reportajes de Jacek Hugo-Bader, periodista polaco que hizo una espectacular travesía por la Rusia postsoviética, tanto la europea como la asiática. Sobre todo llama la atención el hecho de que cruzó Siberia por tierra, en invierno y en solitario. Por el camino se quedaba con los pueblos sobre los que no sabemos casi nada o nada, como los evencos, los buriatos, los tuvanos, entre muchos otros. Resulta que Siberia para nada es tan monorreferencial como lo sugiere el color blanco en el mapa, es un territorio riquísimo en términos culturales.

Regresando a la traducción, ese texto estaba escrito en un polaco sui generis, fresco e inesperado, lleno de neologismos del ruso y otros idiomas indígenas de Siberia, el polaco que no hablamos pero sí entendemos, y simplemente no pude resistir la tentación de traducirlo al español mexicano. Intuía que esta variante del español, tan juguetona y flexible, me permitiría reflejar el registro y el tono en que estaban escritos esos reportajes en el polaco. Y efectivamente funcionó muy bien.

Para publicar ese libro y poder compartirlo con mis amigos mexicanos que a diario me enseñan los secretos del habla chilanga, fundamos la editorial. Este texto me enloqueció y una cosa llevó a la otra, ahora trabajamos reportajes, novela y ensayos, todo en traducción del polaco y del inglés.

 

Leí que en una entrevista inclusive mencionabas que hacías traducción bárbara o traducción al mexicano, ¿a qué te refieres con esto, cómo se distingue de la traducción tradicional?

La traducción bárbara tiene que ver con el otro, ese otro que se nos antoja bárbaro, ya sea por el desconocimiento o el miedo. Resulta que tiene su idioma, sus conceptos extrañísimos, pero fascinantes, otra visión del mundo. Soy antropóloga y traduzco desde la antropología –y no desde la filología, no busco purezas y corrección política a través del lenguaje. Eso me permite bastante más libertad que los confines de una sola lengua. Yo veo el mundo de referencias e idiomas cruzados en constante transformación, el mundo de migraciones y búsquedas cada vez más personales y no en grupo, de anhelos lingüísticos que ya no caben dentro de las fronteras de una sola nación, idioma y religión.

Quiero reflejar este mundo en los textos traducidos, siempre y cuando me lo permiten. La fiebre blanca es un texto muy particular, de acuerdo, pero yo podría pasar el resto de mi vida traduciendo a Hugo-Bader que escribe en “el polaco de todos los idiomas”, o sea que usa palabras de todo el mundo, pero las escribe como si fuera el polaco explicándolas a lo largo de la narrativa. Aun así, hasta en Bajo la mirada del león, texto que traduje del inglés bastante neutro, tomé algunas decisiones que tenían que ver con el idioma amhárico de Etiopía, dejé remanentes del inglés que de hecho persisten ahí, rompí con algunas reglas del lenguaje que considero anacrónicas, como el afán por hispanizar los nombres propios, de los personajes, de las ciudades, etc. Procuro que la traducción sea bárbara también para que sea divertida más que correcta. Creo que el exceso de corrección podría acabar con el lector.

Trato de proponer otra manera de leer las traducciones, de flexibilizar nuestros hábitos de lectura. Incluso cuando no lo entendemos todo, podemos seguir el texto, así es la realidad de muchos migrantes: cada día aprenden nuevas palabras, referencias, moldean los discursos sobre la realidad con una mezcla tremenda de lenguas en contacto. Y como lectoras, vamos migrando de una autora a la otra, de un idioma al otro, etc. Quiero decir que hay cosas que debemos aprender de los bárbaros que nos cuentan las historias con su propio lenguaje, con palabras que vienen de muy lejos; esas deben permanecer en el texto en vez de romperse el coco buscando las equivalencias lingüísticas que ni existen, pero eso sí, reducen nuestros imaginarios colectivos hasta el grado de sofocar el lenguaje con puras referencias hispanizadas e hispanizables en potencia. El kaif ruso es el kaif, así se queda. Explicado y maravillosamente asimilado. Qué bárbaro. Los invito a conocerlo leyendo La fiebre blanca.

 

¿Nos podrías platicar un poco sobre algunos de los libros que tienen publicados? ¿Podríamos  pensar en la existencia de una línea conductora entre ellos?

Ya hablé mucho sobre el primer libro de la mirada salvaje en México, pero no dije que las historias que podemos encontrar en los reportajes presentan una visión polifónica de la caída del Muro de Berlín, el fin del comunismo y el inicio de capitalismo, sobre todo en Rusia. En ese sentido, Bajo la mirada del león de Maaza Mengiste retoma el hilo de los cambios sociales, pero esta vez en Etiopía, el único país africano que no ha sido colonizado –aunque entre 1936-41 estuvo invadido por los fascistas de Italia. Por cierto, en este texto también aparecen los soviéticos. Pero lo que realmente me interesaba era la instauración de un nuevo régimen, ver cómo acaba con sus promesas, prácticamente se destruye a sí mismo, aunque en esa agonía puede durar años, así como pasa con el capitalismo salvaje en Rusia o con el comunismo soviético en África. Por otro lado, La fiebre blanca son historias reales, mientras que Bajo la mirada del león es una novela histórica. Al final, ambos libros parecen sugerir que la ideología nos nubla la vista y al ser humano hay que comprenderlo fuera de la retórica política.

Otro de los propósitos de la mirada salvaje es la traducción de mujeres, trabajo que se difunde poco. Desde que conscientemente leo a más mujeres –antes, sin hacer la conciencia leía a casi puros hombres–, me maravillo por la diversidad de sus propuestas. Me interesa, sobre todo, la literatura de la diáspora africana, la latina, la polaca. Así surgió la idea de hacer la colección Mino Bimaadiziwin/El arte del eterno renacer.

 

Bien, pasando a otro tema. Tengo entendido que la editorial se mantiene independiente. ¿A qué vicisitudes se enfrenta un proyecto editorial independiente? ¿Cómo ves el panorama editorial en México?

Creo que no soy la persona indicada para hacer ningún tipo de diagnóstico. De repente creo que la industria editorial se parece al resto de la economía: hay grandes monopolios, cadenas de librerías que venden a los gigantes y un poco de underground rebelde y diverso que participa en condiciones de mucha desigualdad. Pero, para mí, ahora voy conociendo a los lectores de la mirada salvaje en persona y veo sus reacciones ante los libros que hacemos, es emocionante siquiera existir haciendo lo que quiero. Me convertí en una monja; casi lo único que hago además de dar clases y vender los libros, es leer y escribir, o traducir: leer lento y escribir lentísimo.

 

¿Dónde podemos conseguir tus libros? ¿Cómo es la distribución?

La distribución es un dolor de cabeza para una editorial independiente en México. Pruebo diferentes estrategias, algunas más exitosas que otras. Desde hace poco yo me encargo de distribuir los libros en Querétaro, la Ciudad de México y La Paz, Bolivia. Ahora quiero ver si podría trabajar con algunas librerías en Morelia, ciudad que acogió la mirada salvaje desde sus inicios. En Querétaro vendemos sobre todo en el Mercado Universitario –Explanada de Rectoría– cada sábado, en la librería móvil La valija –Café Maco y La Fábrica–, la librería Laberinto –Madero 116–, la librería Huizache –Pasteur 21-A–, El Faro de Alejandría –Plaza Cuatro Elementos– y Gloria Books –Plaza Shopping Center– en Juriquilla; La prodigiosa –Gutiérrez Nájera 12 sur–, La Vieja Varsovia –Plaza Fundadores–, la tienda Amantoli –Arteaga 23–, la librería El Pasaje de La Llata en Madero; la librería Rulfo en Tequisquiapan. Y claro, hacemos la venta directa. Nos pueden contactar por FB, TW y a través de la página web: www.lamiradasalvaje.info

 

Finalmente, ¿qué proyectos vienen en camino para la mirada salvaje?

Traducciones de reportajes del polaco, más ensayos de mujeres en traducción para la colección Mino Bimaadiziwin/El arte del eterno renacer. También estoy midiendo fuerzas con un clásico polaco de los tiempos comunistas para otra editorial, así que posiblemente se atrase lo demás. Y por fin me animé a probar la traducción al polaco, voy a trabajar algunos reportajes sobre México. Como dicen en la Amazonía boliviana: todo posible, nada seguro.

 

 

 

 

 

 

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