Entrevista a Víctor Gomollón

Por: Mariana Uribe Salinas

 

 

Hace ya varias semanas, en su visita a México, Víctor Gomollón –fundador de la editorial española Jekyll&Jill– accedió a contestarme algunas preguntas al término de una de sus conferencias en la ciudad de Querétaro. La grabación, prueba de una de las charlas más amenas e interesantes en mi vida, quedaría perdida durante casi cuatro semanas debido a detalles técnicos y solo hasta hace dos días, un amigo mío –al que le agradezco infinitamente– logró aislar la voz del mencionado editor de los constantes ruidos y parloteos de la gente que estaba a nuestro alrededor.

En los audios recién recuperados, escucho la voz de Víctor relatándome no sólo el comienzo de la editorial, sino su propio comienzo en semejante empresa literaria. El español, con pocos años, a falta de libros infantiles en su biblioteca familiar, había descubierto una parte de la obra de santa Teresa de Jesús a la par que leía un tomo de Schopenhauer: “yo los leía alternándolos”, aclara Víctor, “estaban al lado, uno al lado del otro… y con ellos fue como empezó mi extremo gusto por la lectura”.

Más adelante, además de las lecturas en su corto, pero bien nutrido librero, Víctor Gomollón encontró un gusto especial por la hechura de fanzines: “Cuando tenía 18 años... iba por los bares y los dejaba –los fanzines–. Solía pasar que acudía a la semana siguiente, a los quince días, y no había vendido nada, pero me decían tómate una cerveza y al final acababa muy borracho, sin ningún dinero… pero bueno, me servía también para relacionarme con la gente”.

De esta manera, el editor de Magistral –primer libro publicado por la editorial, autoría de Rubén Martín Giráldez–, fue creciendo y con él, su amor por los libros. Obtuvo su formación como editor de primera mano, leyendo y releyendo sus obras favoritas, conociendo autores, trabajando en diferentes empresas hasta que, en 2011, en conjunto con Jessica Aliaga Lavrijsen, decidió fundar su propia editorial.

Jessica Aliaga, editora y traductora de algunos de los tomos que se han publicado en Jekyll & Jill, al igual que Gomollón, es parte fundamental del proyecto. Desde la primera publicación –y hasta hace algunos meses–, han unido sus fuerzas y conocimientos para dotar a cada edición de detalles inigualables. A propósito de su ausencia durante la entrevista, Víctor explicó que se debía únicamente a otra de las pasiones de Jessica, que le impedían alejarse de España y seguir colaborando tan profundamente con la editorial por el momento: la enseñanza.

Con respecto a la evolución de la editorial a lo largo de los cinco años de vida de Jekyll & Jill, Gomollón comentó: “como es una editorial tan pequeña los cambios se ven con cada libro: si se venden un poquito más, si llegan a más librerías y que más gente se interese por los libros…con el tiempo, se nota que la gente ubica más los libros, la editorial, que son libros cuidados y, por lo tanto, los compra más. Nuestra idea era que no sólo fuera una editorial local, sino que se expandiera por toda España y en muy poco tiempo de arduo trabajo, esos primeros títulos de la colección, regados por las librerías, ya estaban acompañando a otros títulos de editoriales más grandes”.

Ahora bien, en lo referente a los aspectos formales que implica el proceso de discriminación y selección de textos, el editor español se mostró franco y divertido, pues argumenta no tener ni seguir ninguna línea editorial y que, si fuera el caso tener una, sería precisamente no seguir ningún rumbo específico: “A mí me aburriría mucho una editorial que solamente publicara libros de terror, por ejemplo, por eso es que la considero una línea editorial muy personal. Me puede gustar un tipo de literatura, un tipo de narrativa, un tipo de ilustración, o no… es un poco egoísta. Me gusta la idea también de editor que te pone un libro enfrente, un poco como mira, eso me gusta, quiero que lo leas tú, ¿no? Me puedo equivocar, pero es ser sincero, eso es lo que me gusta, es posible que no te guste a ti, pero bueno, me gustaría que lo intentaras. Esa es la idea. Hay algo personal ahí y ¡yo sé bien que tipos de textos no me gustan! Novela romántica... poesía no toco, yo no soy lector de poesía, no sabría diferencia entre un buen libro de poesía y uno que no lo fuera, no estaría nada seguro con eso. Como editor no estaría seguro con eso”.

El editor, en medio de un pacto con el lector, se propone crear una colección sincera e íntima, volviendo a la idea de pasar de mano en mano un libro recomendable. “Piensa que como editor sacas una edición de libros, sacas unos ejemplares. De entrada sabes que hay algunos libros que van directamente al interior de la casa del lector y ese libro se queda durante años, incluso puede vivir durante generaciones siempre colocado ahí en ese librero, observando, de igual modo hay libros que acompañan durante toda la vida, ese libro que una día compraste en la librería de viejo, tiene ya una historia… ¿Sabes? Algunas veces hablan de nosotros –de la editorial– como que hacemos libro objeto o libros fetiche, yo estoy en contra, quiero decir, es cierto que algunos libros pueden tener algún componente que los vuelva fetiche, pero ciertamente no busco eso, creo que un libro fetiche puede ser una edición muy barata, mal impresa, que está sin cubierta, que compras de cuarta mano y que por alguna razón para ti se convierte en un libro fetiche. Cuando pasa eso es maravilloso y ahí poco hace el editor, sino que es la vida que tiene el propio libro, la vida que le da el lector”.

Casi para concluir la entrevista y aprovechándome de la franqueza del español, decidí preguntarle acerca de sus preferidos entre todos los libros que ha editado, a lo que me respondió: “Tengo libros favoritos, pero no te lo puedo contar –y se ríe–… puedo reconocer que a los libros a los que más cariño les tengo son los libros que más trabajo me han dado, que conllevaban un largo proceso creativo, hay otros libros que me han llegado muy acabados, muy hechos, de algún modo, que los quiero un poquito menos”.

La charla con Victor Gomollón concluyó mucho después de que la batería de mi celular se terminara y los audios que se lograron tenían una calidad terrible, por lo que quedaron algunas de las respuestas del vivaracho editor sin relatar y la enseñanza de adquirir una grabadora de voz en la brevedad. En esta instancia, me permito agradecerle –infinitamente– en este texto ―por si el editor en cuestión se topa con él― por su tiempo y sinceridad, así como por los bellos ejemplares que olvidó en México.

Para finalizar, cabe informar al lector interesado en las publicaciones creativas de esta editorial española, que desgraciadamente –para los que no vivimos en España y para fortuna del libro en papel–, Gomollón no está interesado en ediciones digitales, puesto que confía fielmente en que el libro físico. “No es algo vintage, tiene mucha vida. ¡Qué romántico sacar libro en papel! Dicen ... bueno, no, en las librerías sigue habiendo libro en papel” argumentó.

“Esos libros de aquella pequeña editorial tan rara”, como califica Víctor a su propia producción, se han abierto paso en España y, sin embargo, todavía no hay nada concreto con respecto a la entrada a otros países. La buena noticia es que luego de su visita, Víctor no descartó la idea de traer también a México algunos de sus títulos más apreciados, sin duda unas verdaderas joyas para cualquier lector del mundo.

 

 

 

 
 

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