Días de Unidad | Hip Hop en Esencia

Cierto tiempo atrás, mientras iba de regreso a casa en el transporte urbano, alcancé a observar que en la entrada de la colonia había una barda distinta. Su peculiaridad constaba en ser un mural en el que se veía un paisaje campestre y sobre un camino de tierra, una muchedumbre con pancartas y al frente Emiliano Zapata. A lo lejos, del lado izquierdo, se veía un avión con una gran fumarola en donde aparecía escrito: “Busca en Google o en YouTube: Chemtrails”. En ese momento, quizá por ignorancia, imaginé que aquella palabra que me era desconocida, refería el nombre de un grupo, banda, proyecto o colectivo que pintaba murales. Así que no seguí precisamente la indicación de buscar y seguí mi existencia, sin embargo, al pasar los años, el mural continuaba en esa barda.

Hoy pensé críticamente sobre su contexto. Volvió a parecerme diferente, aunque en esta ocasión, se debió al enfoque social, histórico y cultural que mostraba la pinta, y no cualquier pinta, por cierto.

Actualmente estamos acostumbrados a observar murales en distintas áreas de la ciudad. Incluso en las periferias importantes o entre las calles más transitadas. Casi podría asegurar el periodo exacto en que el muralismo –si así puedo expresarlo– pasó a ser un acto cotidiano para compartir la obra que algunos artistas locales –y también foráneos– proponían. Así mismo, este boom fue generando mayores espacios de difusión y acercamiento con el sector público, quien indudablemente se fue acercando a jóvenes y colectivos para unir fuerza, haciendo un bien por el tejido social –expresión sutil e infalible que corre en el río de la burocracia. Bastas propuestas artísticas emergieron, al igual que comenzaron a hacerse conocidas las caras de los que antes solo eran una placa sobre las bardas. Pero esto solo es una pequeña parte de la historia conocida, directa o indirectamente y quizá, narra el proceso acorde a lo establecido en cuanto a libre expresión que permite el sistema público y de dominio general.

 

 

Cuando viene la palabra sistema no puedo desapegarla de estructura, como un cierto orden o forma de ser y estar en el mundo, lo cual me remite a preguntarme: y la libertad encaminada a la autonomía, ¿en dónde se encuentra? Esta pregunta comenzó a concretarse cuando topé a Eduardo, o mejor conocido como Saet, placa que utiliza en sus pintas.

Actualmente, Saet maneja una tienda al sur de la ciudad en Querétaro, cerca del Cobaq 8. Entre stickers, playeras, gorras e información sobre proyectos comunitarios, socialismo y resistencias, así como libros de pedagogías decoloniales, tiene su propio espacio para la serigrafía y un pequeño estudio casero de grabación. Él, al igual que muchos otros, se suman atemporalmente a la comunidad que forma parte de Hip Hop en Esencia o, también, como se escucha entre compas: Días de Unidad.

Desde que dio inicio la plática, Saet dejó en claro que no era el organizador, sin embargo, comentó que se ponía la mochila al hombro para dar la cara por todos aquellos que forman parte de Días de Unidad. Aunque parecía extraño que no hubiera una cabeza, se aclararía posteriormente.

Su niñez fue marcada por un amplio sentido de libertad pues podía ir a donde quisiera en el momento en que así lo decidiera, además que este hecho en particular contribuyó a que su perspectiva frente a la vida tuviera una connotación distinta a la de un niño con mayor control o dirección de los padres. De cierta forma, puede decirse que creció entre calles y compas del barrio, quienes se hicieron familia en el propio crew. Unos años más tarde, al ser adolescente se integró al grupo de La Resistencia en el equipo de futbol Gallos Blancos. Esta etapa podemos considerarla una de las más importantes ya que marcó pauta para que se convirtiera en lo que es hoy. Todo aquella energía juvenil contenida tanto física como mentalmente emergía a través de este espacio. Como él mismo comentó: Estaba en la búsqueda que nos caracteriza a todos como seres humanos, y más cuando eres joven. Yo me empecé a informar y a clavar en temas sociales, a la vez de estar en la porra de Gallos con todo lo que incluye: violencia, drogas, alcohol, jerarquías y organización, lo cual podemos considerar indispensable en esta historia, ya que el tema de jerarquía y sistema influyó no solo en él, sino en el desenvolvimiento y funcionalidad de Hip Hop en Esencia

 

 

Poco a poco, comenzó a pintar murales pero con sentido trascendental, mucho más allá de dejar su huella o placa, o rayar dentro de lo ilegal como una resistencia; se empezó a interesar por un muralismo de protesta y sobre todo, propuesta hacia una conciencia social. Aunque al principio de rayar sí existía un cierto hacer desde lo ilegal y la trasgresión, no era el objetivo o causa primaria para marcar en los muros.

En este proceso, Saet cae en cuenta de las jerarquías y sistemas dentro de la porra en Gallos. Su vida comenzó a ir en caída y como dice la expresión tocó fondo, decidiendo dejar de ser miembro, apartarse del alcohol y las drogas, encaminando su rumbo a conocerse a sí mismo, a trabajar y rayar con mayor consciencia. A pesar de las distintas experiencias que lo llevaron a caer, entre ellas, estar próximo a la muerte, se siente agradecido, porque finalmente lo llevó a regenerarse y a luchar por sus propias convicciones, además de afirmarse frente a una sociedad que sabe levantarse por merito propio, sin necesitar la ayuda de instituciones o sectores públicos.

Menciona e invita a romper con el estereotipo del grafitero, que si bien, hay una cultura del Hip hop, no todo se centra en la trasgresión, en el alcohol o drogadicción. Esta cultura tiene sus pilares, entre ellos: grafiti, break-dance, dj y el rap o el MC, además de otras ramas como el beat-box. También es importante saber, y lo recalcó Saet, que el quinto pilar es el conocimiento, el cual se transmite desde los cuatro pilares principales. 

En esta época, conociendo la cultura Hip hop de la que formó parte y alejándose de Gallos, comenzó a investigar aspectos sociales-culturales y políticos. Aprendió a ser consciente sobre sus actos de violencia en los que se vio envuelto. Observó en información sobre algunos movimientos sociales y se documentó a través de videos, apreciando que todos aquellos temas no eran tan ajenos a la realidad que se vivía en las calles de su barrio. Lo que le hizo voltear la mirada crítica respecto a realizar murales con mensaje.

 

 

Para sus veintiuno, el proyecto comenzó a concebirse. Si bien, eran sus ideas, siempre hubo banda dispuesta a ayudar y al mismo tiempo, empaparse del sentir de no solo protestar, también proponer a través de la cultura del Hip hop.

Uno de los aspectos interesantes de Hip Hop en Esencia es que a pesar de que algunos iniciaron junto a Saet, ha existido bastante fluidez, entrando y saliendo constantemente toda aquella banda tanto de Querétaro como de otros estados pues, este proyecto no es como un sistema, no hay jerarquías, no lleva una organización como muchas dentro de una construcción capitalista. Aquí nadie es mayor que nadie y en todo caso, todos son uno, uno son todos. Por lo tanto, es necesario comprender que formar parte no es ser militante, como sería en una asociación política o religiosa. Se busca fusionar fuerzas, ideas, talentos para un bien social, consiguiendo recursos por sí mismos. Saet, por ejemplo, comenta que gran parte del material logra financiarlo gracias a la venta de playeras o gorras en la tienda que él administra.

El nombre Días de Unidad, surge gracias a una reunión de un compa que había conseguido algunas bardas, invitando a la banda para pintar, con la excusa ideal de hacer una carne asada y convivir. Mientras platicaban, caminando hacia la tienda para comprar los refrescos, entre ellos se les ocurrió que Días de Unidad denotaba ese proceso de olvidar jerarquías, de ser uno mismo, de luchar por los mismos fines, de superar asperezas y de trabajar en equipo.

El proyecto comenzó a tomar más forma. Ahora, Días de Unidad también era la invitación a festivales de rap para llegar a mayor población que le interesara hacer música, pintar murales e incitar a la reflexión social, además de ir a zonas marginadas en la ciudad que sufran de constante maltrato a casa-habitación por el grafiti. Una vez que identifican estos lugares, hablan con los vecinos, proponiéndoles rehabilitar sus paredes o fachadas y pintarles murales, con la intención de acercar también el grafiti más allá de la violencia.

 

 

Desde ese momento a ahora, han sido cuatro años en que la gente ha conocido el nombre de Días de Unidad, creciendo con la banda que entra y sale, mejorando también como personas que contribuyen socialmente desde un enfoque divergente. Entre ellos, su fin no es cambiar el mundo. Saet expresa que “nunca se sientan a filosofar”, las ideas y propuestas van surgiendo y todos colaboran para hacerlas realidad, porque van más allá de sí, siempre en unidad y convivencia para la sociedad.

Irónicamente, uno de aquellos murales que marcó el inicio de Días de Unidad a través de Hip Hop en Esencia, fue hecho frente a la colonia Azteca, en la entrada de Lázaro Cárdenas, por Luis Pasteur. Mural que enuncia la unión, la lucha, el despertar social frente a aquellos que dominan y oprimen con un sistema capitalista que contamina el proceso de raciocinio crítico, por lo tanto, este colectivo es resistencia e invitación a la autonomía, al ejercicio real en que el pueblo toma acción de su cotidianidad e inmediatez, por medio del bien común porque efectivamente, todos somos uno, uno somos todos. 

 

 

 



Makoto Tamashi (Querétaro, 1990). Fotógrafa, estudió Relaciones Internacionales en la UVM y la Maestría en Ciencias de la Educación así como la especialidad en Proyectos Artísticos, ambas en la UAQ.

 

 
 

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