La región salvaje | Conversando con Amat Escalante

Este jueves 19 de octubre, Amat Escalante abrió las Galas de Estreno, en la Cineteca Rosalío Solano, con su nuevo filme La región salvaje.

La película se llevó el León de Plata en el Festival de Venecia 2016 y participó en la 14° edición del Festival de Cine de Morelia. Se trata de una coproducción entre México y Dinamarca en donde se aprecia la participación nórdica en la música –compuesta por Guro Moe– y la fotografía –a cargo de Manuel Alberto Claro. A decir también del director, la película está influenciada por la obra pictórica de su padre, Óscar Escalante, quien también aparece como actor.

La región salvaje cuenta el melodrama de una familia atravesada por la infidelidad, la homofobia y la violencia; sin embargo, todo cambia con la llegada de Verónica –Simone Bucio– quien guía a los personajes con una misteriosa criatura en medio del bosque para que puedan satisfacer todos sus deseos sexuales.

En entrevista para Saltapatrás, Amat Escalante nos platicó más acerca de su película y también sobre el tratamiento que da al tema de la violencia en sus obras.

 

 

¿Por qué introducir ahora el elemento fantástico?

Después de dos versiones del guión que escribí con Gibrán Portela –el coguionista–, era una historia que quería tratar: la violencia hacia las mujeres y hacia las personas de diferente preferencia sexual; y por ahí era la inspiración y saqué algunas ideas de notas de periódico y cosas que sabía, pero empecé a no estar tan inspirado de lo que encontraba en el desarrollo de esa idea y cuando se me ocurrió algo que no fuera de esta realidad, entonces pude desarrollar nuevamente la historia, a través de la fantasía. Yo creo que se puede llegar a una parte de nuestras fantasías y nuestras realidades personales y ser más real que la realidad misma. Por eso existe todo lo que hay de la fantasía y ciencia ficción, porque conectamos directamente con eso y, a través de ese elemento de terror y ciencia ficción pude, de una forma muy concreta y práctica, representar lo que los personajes estaban sufriendo o anhelando, deseando y rechazando, todo eso lo pude concretar haciendo un trabajo visual en la película.

  

¿Por qué representar la violencia en el cine, en tus películas?

Creo que el drama de eso trata, hasta la biblia empieza violentamente. Es algo misterioso, algo que afecta, que modifica toda nuestra vida y por eso me atrae. Querer hacer algo que tiene violencia adentro de la historia no es una decisión política, más bien es una decisión dramática y que, además, ya viviendo en México, donde la violencia ha tocado a tanta gente, puedo usarla de otra manera porque la gente se asocia con la violencia de forma diferente que en un país donde está todo en control. Digo, nunca puede estar totalmente en control porque siempre hay alguien que puede hacer violencia, pero en México es particular la forma en que la violencia está integrada a nuestra vida. Dentro de historias más comunes, más humanas, de familias, de gente, puedo introducir violencia mucho más fácil, porque toma lugar en México.

 

Y las historias que cuentas son casos particulares, no se trata de la violencia en el país, es una familia o una víctima…

Confío en que si cuento la historia íntima de alguien, hay más chance de reflejar lo que hay, que si tratara de hacer una cosa general… Para mostrar que hay mucha violencia no necesito mostrar que a todo mundo le está afectando la violencia. Confío más en lo local. Decir “bueno voy a mostrar una historia de una familia en particular que vive en esta cuadra, en esta ciudad, y adentro de esta casa probablemente vamos a descubrir algo que no es solo de ellos sino de más gente”, y  el cine así funciona también: uno va al cine y se refleja ahí, sea la historia de lo que sea, incluso si es en el espacio, con tal de que la experiencia que estemos viendo sea personal te puedes identificar, y eso es algo que ocurre cuando nos gusta una película o nos sentimos involucrados con ella.

 

 

Tus películas se caracterizan por tener muchos paisajes, planos secuencias o planos muy abiertos, ¿tiene esto alguna  relación con la violencia?

Es también donde toma lugar la situación, a mí me ha inspirado el cine del oeste, por ejemplo, en donde hay muchos paisajes muy abiertos, muy grandes y en esos paisajes de repente vemos algo pequeño y ahí está la situación. Y Heli por lo menos, y esta última película la filmé por donde vivo y en locaciones que me han inspirado, los paisajes siempre tienen un cierto peso ahí... todo en el cine, en la película es fingido, en donde filmé no hay esos problemas de violencia exactamente así, por eso también pude ir a filmar ahí. Entonces se crea un mundo que sea similar a otro. De la forma de filmar la violencia que he filmado sí hay una idea o posición de no querer hacerlo como entretenimiento exactamente, no querer filmar una escena de muerte, por ejemplo, que al público le parezca divertida o que te excite los sentidos, me gusta filmar la violencia, el sufrimiento de una forma muy deprimente como yo creo se ha de vivir; y eso va muy en contra de la mayoría de las películas: que se filma la violencia para vender, no sé si esa sea la palabra correcta, pero para entretener o para sorprender –porque yo también quiero entretener y sorprender-, más bien es el sentimiento, las escenas de violencia que yo tengo, que trato de tener, que he tenido y trato de lograr es más cercano a lo que yo siento con la violencia de la realidad, no tanto la del cine. Que no tiene nada de malo el cine violento, a mí también me ha inspirado mucho, aunque el toque que quiero darle en lo que hago es otro ángulo que no sea el que normalmente vemos en las películas, en los multicinemas, pero cuando haces cualquier cosa, quieres algo diferente, tratar de ir por otro ángulo.

 

¿Has recibido algún comentario de parte de las instituciones? ¿Han dicho algo de tus películas?

No tanto. Ha habido tal vez un poco de preocupación cuando salió Heli en Francia, en Cannes, pero más que nada en prensa; salió un artículo –que ni siquiera habían visto la película, pero habían escuchado sobre ella-, de que estaban muy alborotados porque había mostrado el lado no bonito de México, cosas así. Más que eso no; yo creo que también las instituciones y los gobiernos han aprendido que cuando tratan de silenciar una película, un libro o algo, es contraproducente, porque más gente la quiere ver, entonces no he tenido la fortuna de que me quieran silenciar o censurar.

 

En la prensa apareció que los críticos y el público que vio Heli en Cannes se salió de la función y dijo que en México no era posible tal nivel de violencia, ¿es cierto?

No sé si sucedió exactamente. Los críticos de repente decían que si era necesario mostrarlo así,  tan agresivamente hacia el público; sí hubo eso y fue por la forma en que quise filmar la violencia. En la mayoría de las películas alguien muere. Es difícil pensar en una película donde no se muere alguien –obviamente hay muchas-, yo creo que en el 70, 80 por ciento de las películas alguien se muere y lo interesante del cine es cómo lo muestras. El cine son imágenes y depende cómo muestres la escena, qué es lo que quieres decir, eso también es un buen ejemplo del lenguaje, lo fuerte que puede ser el cine, y es tan delicado lo que sí muestras, lo que no, cuánto dura una toma y por eso es que esas observaciones que hubo era porque no corté, se veía la escena y no cortaba y no hacía sentir bien, no les daba las imágenes para que pudieran irse a casa sin haber visto exactamente eso. Es un experimento, también puede ser muy potente cuando no ves algo y sabes qué pasó. Por ejemplo, Hitchcock es así, lo que no muestras puede ser más tenebroso que lo que sí muestras, y yo traté de hacer lo opuesto para saber qué efecto tenía.

 

Esta visión de la violencia en el extranjero, ¿cómo te hace sentir a ti, como mexicano, más que como director de cine?

Es muy particular. Mis películas, en general, son bastante pequeñas, cuestan poco dinero, las ve poca gente, entonces así como que yo iba a pensar que la película iba a afectar la imagen que ya tiene México, ni me preocupaba, porque no llega a eso. En cuestión práctica, si yo estuviera haciendo algo a nivel del Hombre Araña o algo así, que sé que lo va a ver muchísima gente, tal vez cuestionaría un poco las cosas y más porque lo va a ver un público extranjero. Pero digo, estos mínimos son una expresión personal de lo que está pasando en mi país, y yo pensaría que viendo las cosas o viéndose la herida uno mismo, es el primer paso a mejorar, no explotándola tampoco, nunca fue mi idea explotar la violencia, en la película es poco lo que hay, pero lo que hay es muy contundente.

 

 

¿Para ti cómo es actualmente el panorama del cine mexicano en cuanto a producción y distribución?

De producción siento que está muy sano; se hacen alrededor de 160 películas al año, cuando yo empecé a hacer cine, que fue en el 2005, se hacían como 30. Sí ha subido muy rápido en muy poco tiempo. Pero la situación de distribución y que una película tenga su vida sana es la parte difícil porque es más complicado que hacerla. La haces como puedas hacerla o depende del dinero que consigas y ya, pero las películas están hechas para que se vean y esa parte, el cine mexicano, es en lo que más está fallando, a menos de que tengas muchísimo dinero y puedas tener una mercadotecnia con Televisa y salir en muchísimas salas, eso lo tienen pocas películas mexicanas, pero a menos que formes parte es difícil que la película se dé a conocer. 

 

¿Qué le dirías a los jóvenes cineastas o a quienes desean comenzar su carrera en el cine?

Que piensen y contemplen de forma introspectiva, tranquilamente, alejados de todas las distracciones que hay como las redes sociales y todo eso, y ver qué quieren contar, no contar lo que creen que está de moda o cosas que son muy ajenas a ellos, pero que les parece de moda. Alejarse de la moda y ver qué es lo que uno sabe cómo contar, eso es lo que le va a salir bien a la gente, lo que está adentro de ellos, porque si no sería falso.

 


Finalmente, Amat Escalante invita al público en general a visitar la exposición “Penacho onírico del desollado en cera” de Óscar Escalante, quien también es músico y actor. “Ahí también pueden ver de dónde vienen mis inspiraciones”, concluyó Amat.

La obra será inaugurada a las 20:00 horas del 20 de octubre en el Museo de la Ciudad.

 

 

 



Rosa Valencia (Tepeji del Río, 1994) estudió licenciatura en Comunicación y Periodismo en la UAQ. Ha colaborado como fotógrafa en la radiodifusora RMX y escrito en el periódico semanal Tribuna de Querétaro.

 

 
 

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