El arte contra la ciudad | De gentrificación en Querétaro

Cuenta Marshall Berman que en el París decimonónico, G. E. Haussmann, a nombre de Napoleón III, fue el encargado de construir, sobre la vieja ciudad medieval, una serie de conexiones denominadas bulevares en el centro de la localidad. En el proceso, barrios marginales fueron abatidos abriendo la zona mediante conexiones viales, ocasionando el desplazamiento de cientos de personas así como la apertura de la totalidad de la ciudad, en un amplio sistema de planificación urbana. Los habitantes parisinos víctimas del nuevo modelo urbano, quedaron pendidos en los escombros, revelando una de las contradicciones en la vida moderna en las ciudades.

Lo que pareciera ser un conflicto remoto, se contrasta con lo que la geógrafa Paulina López Gutiérrez refiere acerca de la capital francesa actual, en el que su óptimo sistema de transporte contribuye a la inmigración de pobladores, homogeneizando un tipo de clase social económicamente estable. La inversión de negocios y renovación inmobiliaria para una población específica,  ha aumentado los precios de vivienda, productos y servicios, empujando a las poblaciones vulnerables –de bajos salarios– hacia las periferias, en lo que parece una perpetua sucesión de desplazamientos.

La gentrificación, término acuñado por la socióloga Ruth Glass, hace referencia al desalojo urbano que sufren los habitantes de bajo poder adquisitivo en una localidad revalorizada por inversiones públicas y privadas que no puede hacer frente al plusvalor derivado de la especulación inmobiliaria, provocando con ello un proceso de “aburguesamiento” mediante lineamientos comerciales y arquitectónicos, lo que lleva a la segregación de la población originaria del territorio.

El arte es utilizado como un recurso estilístico que permite aumentar el valor de los bienes inmuebles de la zona, en el que los artistas, conscientes o no, fluyen con la corriente de inversión mediante la promoción cultural, que suele sustentarse en el impacto suntuoso del arte debido a las temáticas abordadas y su calidad técnica, lo que permite una mayor aceptación social. En la ciudad de Querétaro bastan los trabajos pictóricos realizados en Las Américas y Bolaños para dar cuenta de un proceso inicial de esta práctica, que contribuye al desarrollo económico debido a las pretensiones de la zona –vialidades de importancia comercial como B. Quintana y 5 de Febrero– con fines de inversión empresarial y promoción turística, importantes en la demanda agregada, ocultos en discursos de intervención social en un supuesto intento de resolución de las problemáticas en materia de seguridad –como si el conflicto fuese estético y no debido a condiciones de rezago y pobreza.

El caso de la zona céntrica queretana es de notar, en el que espacios como la Alameda Hidalgo –del que fueron desalojados comerciantes– y los planteamientos a su alrededor han invadido los barrios antiguos como la Cruz, San Francisquito y los de “La otra banda”, modificando exponencialmente las dinámicas de espacio que apuntan a la cosmética urbana atractiva para determinadas personas, que da cuenta del objetivo en la rentabilidad, la cual no solo los homogeneiza y folcloriza, sino que afecta a la población residente y los rasgos culturales propios de los vínculos generados con su territorio e historia, contrariando los principios de la política pública, la cual debe, como referirá el sociólogo Daniel Sorando, “intervenir en espacios para cambiar espacios, no personas”.

El arte “sirve de coartada cosmética y distractiva del poder económico”, como refiere Unaí Fernández, el cual desarticula la reflexión creativa y política para convertirse en subvenciones “dirigidas a la consecución de la atracción turística”, que enmascaran las problemáticas sociales y las agravan al colaborar de manera fehaciente en el proceso de gentrificación, convirtiendo a Querétaro en un producto ofertado al mercado global ajeno a sus propios habitantes.

 

 

 



David Álvarez (Querétaro, 1990) estudió licenciatura en Sociología en la UAQ. Director de la revista Saltapatrás y gestor cultural en Proyecto Cultura UAQ. Ha escrito artículo y crónica para medios locales y nacionales. 

 

 

 
 

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