Sudario negro sobre un paisaje | Apaseo el Grande y Apaseo el Alto

Fotografías: Cuartoscuro Archivo

 

 

La noche del 21 de junio del año en curso, diversos medios de comunicación repletaron redes sociales con la noticia de una balacera en el bar La Cabaña, ubicado en las inmediaciones de Apaseo el Alto y Corregidora, municipios pertenecientes a Guanajuato y Querétaro respectivamente, en el que hubo por lo menos 10 heridos y siete personas fallecidas. Ante los acontecimientos, el Vicefiscal de Investigación y Persecución del Delito, Humberto Pérez González, señaló, en rueda de prensa: “Si tuviéramos conocimiento de que están operando ya hubieran sido detenidos”, ante la cuestión “¿Sabe usted si esos grupos criminales operan en Querétaro?” que realizó un reportero, pregunta que se suma a las declaraciones que diera el padre Alejandro Solalinde a inicios del mes de junio acerca de una red de trata de personas y la presencia de sicarios en la zona, agregadas a las del párroco del Sagrado Corazón de Jesús, Francisco Gavidia Arteaga, durante el mes de mayo; proclamaciones rechazadas por el gobernador del estado Francisco Domínguez Servién, quien se limitó a decir que solo “contaminan a la ciudadanía”. Por otra parte, el titular de la Secretaría de Gobierno, Juan Marcos Granados Torres, reportó los sucesos y posturas de las autoridades locales, quien refirió estar “al pendiente de lo que ocurra en esta colindancia (con Guanajuato)”, quien apuntó además la aprehensión del propietario del recinto, localizado a bordo de un taxi de Querétaro junto a otras dos personas, portando un arma de fuego, un millón de pesos y 500 mil dólares. Luego de estos acontecimientos, la SSC destinó 80 policías para el resguardo de los límites con la entidad, en un operativo permanente.

Apaseo el Alto y Apaseo el Grande son dos municipios del estado de Guanajuato separados por la carretera Celaya-Villa Apaseo el Alto con poco más de 14 kilómetros recorridos en aproximadamente 15 minutos en automóvil, colindantes con el estado de Querétaro. Territorios de relevancia histórica en el que combatieron la División del Norte encabezada por Francisco Villa y las tropas Constitucionalistas dirigidas por el general Álvaro Obregón, en lo que se conoce como la Batalla de Celaya, entre otros relatos, los Apaseos constituyen una región consolidada como escenarios económicos de tradición agrícola y ganadera, actualmente de un crecimiento industrial vinculado al incremento con tasas superiores a la media nacional en la zona Bajío. Entre sus calles, hay tranquilidad, la vorágine citadina queda atrás oscilando entre lo barroco, neoclásico y la fugaz modernidad; frontera con Corregidora, en Querétaro, yace como un territorio olvidado, del que podría dudarse su existencia. Y, quizá, como refiriera Octavio Paz: más vale ser desconocido que mal conocido.

 

 

El 19 de mayo del año corriente, el portal noticioso Voz Imparcial dio el titular “15 ejecutados en tan solo 20 días, en Apaseo El Grande, hallan hoy cuatro muertos”; en total, 19 acaecidos en 21 días, que se pueden constatar si se echa un vistazo al resto de periódicos, misma cantidad que el atentado en Manchester durante un concierto, solo que sistemático, sosegado, invisible; el 25 de mayo asesinarían en la madrugada, frente a su casa, al director de la policía municipal, J. Jesús Salgado Martínez, cuando se disponía llevar a su hijo a la escuela, antes de que el sol hiciera su entrada, esperando a su familia en el interior de una camioneta como último espacio en vida hasta la culminación del alba. El 7 de junio, en Apaseo el Alto, dos asesinados a balazos en la colonia Santa Elena alertó a elementos de seguridad; días antes, el 1 de junio, balacearon una vulcanizadora alcanzando una patrulla de la Policía Municipal, en la que una persona murió pocas horas después. Para los Apaseos la violencia no será tan solo la partera de su historia, sino también la madre del pueblo, parafraseando a Roque Dalton, que incrementa toda vez que autoridades incompetentes enceguecen el criterio. Los informes de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), anunciaron el control de la región por dos cárteles: Los Zetas y Cartel Jalisco Nueva Generación, esencialmente, quienes se ven implicados en hechos delictivos más allá del comercio de drogas, sino de la industria ilegal de combustible. “Hay gente de Jalisco. También en Celaya”, relatará algún ciudadano perdido entre las vialidades. “Dejan narcomantas y dicen que van a limpiar la zona. Eso es en todo Guanajuato y más en los ranchos chicos como Apaseo”, sin precisar si algún cartel específico está implicado. “— ¿Has oído el llanto de un muerto?”, pregunta Doña Eduviges, y en una respuesta que me permito otorgar, cito: “No necesitas ir a Comala para desmoronarte”, si acaso en Apaseos se encuentra una posibilidad.

Para el gobierno queretano, en sus instancias municipal –fundamentalmente Corregidora–  y estatal, Apaseos constituye una diatriba al discurso de seguridad que intenta ser vendido sin éxito, solo creíble al delirio de la autoridad ignorante de los aconteceres cotidianos. Para los gobiernos de Guanajuato, representa solo una región más compuesta por pequeños municipios –Comonfort, Cortazar, Celaya, Valle de Santiago, Salamanca– de los que poca atención merecen para sus autoridades, quedando una sociedad sumida en una violencia silenciosa, quizá la más artera, la que a nivel nacional poco resuena, pero que entre sus calles adolece. 

 

 

 



David Álvarez (Querétaro, 1990) estudió licenciatura en Sociología en la UAQ. Director de la revista Saltapatrás y gestor cultural en Proyecto Cultura UAQ. Ha escrito artículo y crónica para medios locales y nacionales. 

 
 

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