Vida interior, vida extranjera | Annemarie Schwarzenbach

“El viaje es interpretado como una forma de vida especialmente intensa un reflejo concentrado de nuestra existencia”.

 

Conocí la obra de esta autora precisamente en un viaje hace ya cuatro años. Era diciembre y hacía un frío desnudo. Estaba sola, y pasaba la mayor parte del tiempo de mi estancia recorriendo las calles céntricas de Madrid. Una tarde entré por curiosidad y también para cubrirme del tiempo a una librería muy pequeña y cálida. En la sección de literatura lésbica y de viajes di con la novela Ver a una mujer de Annemarie Schwarzenbach (Editorial Minúscula, 2010), escrita a sus apenas 21 años. Abrí el delgado libro para toparme con este inicio:

 

Ver a una mujer: solo por un segundo, solo por el breve lapso de una mirada, para luego volver a perderla, en la oscuridad de un pasillo, tras la puerta que me está vedado abrir. Ver a una mujer, y sentir en ese mismo instante que también ella me ha visto, que sus ojos interrogantes han quedado prendados de mí como si no tuviéramos más remedio que encontrarnos en el umbral de lo ignoto, de esa frontera oscura y melancólica de la conciencia”.

 

Annemarie Schwarzenbach (1908- 1942) es mejor conocida por sus diarios de viaje. Fue una escritora, fotógrafa, arqueóloga, historiadora y periodista suiza, proveniente de una de las familias más adineradas de ese tiempo. Su posición socioeconómica, le permitió mantener contacto a lo largo de su vida con grandes personalidades del arte y sobre todo viajar por distintas partes del mundo, a través de Asia, África y Estados Unidos.

Fue una escritora abiertamente lesbiana, sin embargo, como muchxs personajes de esa época -perseguidxs por la invasión nazi y en situaciones de exilio-, se casó para guardar las apariencias y obtener el visado con el diplomático Claude Clarac.

Mantuvo una intensa y entrañable relación con los hermanos Mann -hijos mayores del escritor Thomas Mann-, quienes eran, de igual modo, abiertamente homosexuales y críticos del régimen fascista. Por esta razón, ambos fueron perseguidos durante muchos años por los nazis e incluso por el FBI. Klaus Mann se recuerda hoy como uno de los mayores representantes de la literatura alemana de exilio y la actriz Erika Mann -con quien de hecho Annemarie mantuvo una relación amorosa-, actuó en la primera película lésbica de la historia del cine, titulada Muchachas de uniforme. Esta película alemana de 1931 -estrenada en diversos países y censurada repetidas veces- fue dirigida por la directora Leontine Sagan quien se basó en la novela La niña Manuela de la escritora Christa Winsloe.

Annemarie realiza muchos de sus viajes en coche en compañía de amigas escritoras y fotógrafas como Ella Maillart o Marianne Breslauer, lo que en un contexto de guerra y valores conservadores, no resultaba del todo fácil. Schwarzenbach sufría de trastornos depresivos y además era adicta a la morfina, lo que la llevó a permanecer muchos años bajo tratamiento psiquiátrico. En sus novelas más famosas Muerte en Persia y en Todos los caminos están abiertos, la autora plasma su personalidad sensible y una pluma cargada de introspección, dejando entrever la dificultad que tenía de empatar su deseo por la libertad, con la experiencia tortuosa transitada por la adicción y la melancolía.

Ella Maillart, escritora y fotógrafa de viajes, quien para ese momento ya había publicado diversos trabajos sobre sus viajes por el Tíbet, narra en su novela La ruta cruel su travesía por India, Afganistán, Irán y Turquía en compañía de Annemarie. Por los paisajes dorados y arenosos del Medio Oriente, Maillart retrata los lapsos de depresión y adicción de Annemarie. De hecho, esta novela inspiró la película-documental de 2001 El viaje a Kafiristán.

Asimismo, en sus últimos años de vida mantuvo una relación amorosa con la escritora estadounidense Carson McCullers, autora de novelas como El corazón es un cazador solitario y Balada del café triste. En 1942, después de un largo periodo de recuperación psiquiátrica y desintoxicación, se accidenta en bicicleta golpeándose fuertemente la cabeza y muriendo poco después a los 34 años.

Cuanto más lo pienso, no me parecen tan extrañas esas casualidades literarias, esos tropiezos con libros que nos marcan. Quizás es la inmediatez de esa experiencia compartida, el habitar lugares y pasajes extraños, como extranjeras que buscan sitios en dónde cubrirse, pero también de encuentros con lo otro.

Esos viajes dentro de otros viajes -literarios- a territorios aún por descubrir, no son más que el conocimiento de una misma en espacios que nos descolocan. Estos libros, que son compañeros de viaje, nos ayudan a cristalizar nuestras experiencias, a comprenderlas, sintetizan la vida para hacer perdurar en el tiempo las que somos en determinado momento, caminando, viajando, en la soledad necesaria.

Evoco ese viaje interior, como las lecturas que hice y las conservo ahora como parte de la lucidez de mi historia. Annemarie Schwarzenbach por medio de una escritura llena de imágenes, de llanuras, de silencios y reflexión, a través de una mirada fina y sensible, como un mapa que precisa de detalles, de descripciones arqueológicas en busca de sentido, convierte el viaje en algo más que visitas a destinos turísticos; hace del viaje al extranjero un viaje interior.

 

“nuestra vida se asemeja a un viaje… y así el viaje se me presenta no como una aventura y excursión a parajes extraños, sino más bien como un reflejo concentrado de nuestra existencia, pues, afincados en una ciudad, residentes en un país, adscritos a una clase o círculo social determinado, pertenecientes a una familia o clan y atados a la obligaciones de una profesión, a las costumbres de una vida cotidiana tejida a partir de todas estas circunstancias, a menudo nos sentimos demasiado seguros, creemos haber construido nuestra casa para siempre, estamos tentados a creer en esa inmutabilidad que hace del envejecer un problema para unos y de cualquier cambio de las condiciones externas, una catástrofe para otros” (Todos los caminos están abiertos, Ed. Minúscula).

 

 

 


   


Teresa Valdés (México, 1991). Feminista y lectora. Tiene una licenciatura en Estudios Literarios y una especialidad en Familias y Prevención de la Violencia por la UAQ. Ha sido promotora de los derechos sexuales y reproductivos. 

 

 
 

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