El rhythm and blues del feminismo afro | «No toques mi cabello» de Solange

“They don't understand

What it means to me

Where we chose to go

Where we've been to know”.

 

Hoy me gustaría hablar de música, de poesía, de mujeres, de estética. De historias de injusticia, de historias reivindicativas. De ritmos, de pieles, de peinados. Quiero hablar de los cantos de campo: del góspel, del griot, del blues. De New Orleans, del río Mississippi, de Harlem, de Cuba, y de un continente lejano y abierto donde nació la música, África.

Dont touch my hair, escrita por Solange Knowles, Bryndon Cook, Sampha Sisay, Dave Andrew Sitek y Patrick Wimberly, sintetiza el contenido político de una historia musical surgida en los Estados Unidos desde los años veinte. Solange es una artista que por medio de intervenciones musicales retrata el cuerpo colectivo de una identidad ancestral, combinando el R&B, la danza y la moda.

El R&B contemporáneo, es una mezcla actual de géneros como el blues, el jazz, el pop, el hip hop y el soul. Y todos ellos, son en realidad producto de una enorme tradición musical afroamericana, que combina ritmos híbridos de varios puntos territoriales del mundo, donde la comunidad afro pervive. La nomenclatura R&B –acuñada en 1948 por Jerry Wexler- fue muy importante en su momento ya que pasó a sustituir los llamados discos de raza, marcando el inicio de un giro político y cultural para el Black Movement.

Todos estos géneros comparten una característica en común: son fruto de una larga historia de colonización, sometimiento y esclavismo, pero también de cantos narrados, de gritos de denuncia y de historias de lucha, donde confluye una identidad muy arraigada que ha transitado por difíciles procesos de emancipación.

Podríamos decir, que la actualidad de estas formas musicales radica en la carga histórica y política de una herencia de racismo y misoginia que aún existe.

El género más influyente del siglo XX sin lugar a duda fue el blues. Su término etimológico, no casualmente hace referencia a los espíritus caídos. Así como el jazz y muchos otros géneros creados por la comunidad afro, rechazan las estructuras formales y clásicas de la música occidental. Su constitución está formada por diversos aspectos intercalados: la sucesión de lo que se conoce como llamada y respuesta –un diálogo entre varias voces, que emula una conversación rítmica–, la historia oral –que tiene sus orígenes en la figura del griot, aquellos músicos y poetas ambulantes– la tradición de los cantos de campo y las canciones de trabajo, y el contenido espiritual marcado por el góspel.

De hecho, las primeras grabaciones del blues fueron realizadas por mujeres como Ma Rainey, Ida Cox, Bessie Smith o Mamie Smith. La famosa Sister Rosetta Tharpe se conoce hoy como la gran pionera del góspel, y aunque invisibilizada durante mucho tiempo, fue quien influyó potentemente en el desarrollo del propio blues y del rock and roll.

El contenido político de esta música sin embargo, ha variado bastante de acuerdo a sus intérpretes y a la evolución de los propios géneros. Al inicio, la música de protesta reivindicaba solamente al hombre negro, esclavo y pobre. El contenido de la mayoría de sus letras hacía referencia de un modo u otro, a asesinatos de mujeres, a relaciones de poder, celos y control, como en la canción de Big Bill Broonzy When I Been Drinkin, que dice: Now when I come home, baby, please let me lay down and rest/Lookin' for a woman that ain't never been kissed/We can get along and I won't have to use my fist”.

Las mujeres de la música afro fueron quienes transformaron paradigmáticamente la línea discursiva y política del blues, abordando la situación de violencia doméstica que experimentaban, pero sobre todo hablando de grandes posicionamientos de autonomía emocional, sexual y económica respecto a los hombres. Así en la famosa canción Sam Jones Blues, Bessy Smith canta: "I'm free and livin' all alone. Don't need your clothes, don't need your rent. Don't need your ones and twos. Though I ain't rich, I know my stitch. I earned my strutting shoes. Say, hand me the key that unlocks my front door. Because that bell don't read Sam Jones no more".

Para los años setenta voces feministas como las de Angela Davis, Alice Walker, Nina Simone o Audre Lorde se hicieron patentes en el movimiento, interviniendo por supuesto en las producciones culturales de la época.

Del poema de Audre Lorde, por ejemplo podemos leer: “Since Naturally Black is Naturally Beautiful/ I must be proud/ And, naturally Black and Beautiful/ Yet no agency spends millions/ To prevent my summer tanning/ And who trembles nightly /With the fear of their lily cities being swallowed/By a summer ocean of naturally woolly hair?”.

Así es como en estos años las producciones culturales y artísticas afro se convirtieron en una celebración por la identidad. El movimiento feminista afro con su eslogan Black is Beautiful reivindicó lo que hasta ese momento había sido obviado por el Movimiento Negro: la estética afro vs los cánones de belleza blancos.

El uso político de la estética afro fue imprescindible para cimentar una identidad colectiva. Aquellos rasgos corporales que durante muchos siglos significaron estigmas sociales, como el color de piel, la textura del cabello, las ropas y bailes africanos, se volvieron símbolos de libertad y de autonomía especialmente para las mujeres, pues significaba un regreso a sus raíces.

Hoy, cantantes como Solange, actualizan estos discursos cargados de significado histórico para hacer frente a una industria musical y de belleza fuertemente sexista y racista. Solange se reapropia del estigma y visibiliza las agresiones que todavía experimentan las mujeres de color en los Estados Unidos, con No toques mi cabello, la artista reclama una identidad y autonomía ganada a pulso y ritmo por todas las mujeres afros de la historia de la música, no toques mi alma, mi corona, mi orgullo, este cabello es mío.

 

 

 


   


Teresa Valdés (México, 1991). Feminista y lectora. Tiene una licenciatura en Estudios Literarios y una especialidad en Familias y Prevención de la Violencia por la UAQ. Ha sido promotora de los derechos sexuales y reproductivos. 

 

 
 

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