Drama Machine

Ahora que fui al festival de la Joven Dramaturgia 2017, tomé un taller de crítica teatral con Luz Emilia Aguilar Zínzer y Fernando de Ita. Durante el taller una de las conclusiones a las que se llegó fue que el texto dramático y la escenificación del mismo están en crisis. El texto se ha comido a la escena, el discurso en el papel es a veces irrepresentable, dada la ambigüedad, saturación o ausencia de imágenes y acotaciones con las cuales el director y sus actores puedan asirse. Y si se encuentra una forma de representarlo, esta es francamente aburrida, por lo menos en las obras del festival, por dos cosas: 1) la falta de tiempo y recursos para montar dispositivos escénicos que enriquezcan la propuesta textual y 2) la falta de pericia en la dirección y en los actores quienes han sido educados para representar textos convencionales: diálogo y narración escénica.

Durante cada sesión se iban comentando cada una de las obras presentadas durante el festival. La obra que más llamó la atención fue Sonría1 de Iván Arizmendi dada su no-convencionalidad. Un texto fragmentado en múltiples voces, líneas a mano alzada sobre el papel como si se intentara abordar el lenguaje de la teoría de conjuntos, los diagramas de flujo y mapas mentales para asociar ciertos bloques dramáticos con otros. Y al leerlo la gran duda de los actores es: ¿Cómo chingados se representa esto?

Algo similar ocurrió con la obra God Suicide2 de Obed Galindo. En escena los cuatro actores trataron de simular la bomba textual que leían desde sus laptops, ayudados por proyecciones de videos musicales y GIFs, cuyos enlaces ya venían acotados en el papel. Una de las actrices confesó que la obra fue dirigida entre todo el equipo de trabajo dado el reto de encontrar una forma de resolver en escena el texto. Cuando dijo eso, pensé en una publicación que compartió Juan Carlos Franco acerca de su trabajo como director al confesar: “no sé cuál sea la imagen, pero hay que encontrarla”.

Es sano que el texto dramático explore nuevas formas más allá del diálogo y la narración: lenguajes informático, visual y matemático. Lo que no es sano es que el espectador se fastidie en las butacas. Quizá el espacio vacío y los actores que llenan ese espacio ya no son suficientes para abordar un texto dramático contemporáneo. Y es aquí cuando pienso en una máquina inversa a la que propuso Gerardo Arana en su cuento La máquina de hacer pájaros3. Una máquina que se alimente de textos y sea capaz de generar una simulación en smartlens, o imprimir tridimensionalmente la escenografía, o controlar a unos androides programados para ser actores superdotados. Y la máquina en su concepción original también aportaría al nuevo arte de escribir drama al tener como entrada cualquier objeto y cuya salida sea un texto orientado a mantener la atención del espectador.

 


 1 Sinopsis Sonría: “un hombre que camina temeroso por las calles, su trabajo, su casa y hasta en su habitación, decide comprar un arma y ponerle fin a sus pesadillas y a sus más profundos miedos”. (Programa de mano Festival de la Joven Dramaturgia 2017).

2 Sinopsis God Suicide: “cuatro científicos presencian el suicidio de Dios e investigan las causas de su muerte y su repercusión en la vida tal y como la conocemos. Dios se convierte en un ícono mediático, como una superestrella del pop. Semen sabor a coca-cola, una canción de Madonna y el nacimiento de Jesucristo dan pistas para localizar el cadáver de Dios”. (Programa de mano Festival de la Joven Dramaturgia 2017).

3 Sinopsis La máquina de hacer pájaros: Un científico inicia la construcción de un dispositivo sin seguir ningún tipo de plano. Al terminarlo, le introduce diversos tipos de objetos y lo único que sucede es que la máquina imprime un texto literario. Desilusionado el inventor se pone triste, pero su asistente lo consuela diciéndole que ha inventado una máquina de hacer poemas.

 

 

 



Rafael Volta (Querétaro, 1977). He publicado poesía, cuento y dramaturgia en diversas revistas literarias. Organizo cada trimestre lecturas de Poesía Precoz en un bar de 4.4 estrellas. Twitter: @rafaelvolta

 

 
 

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