Santiago Maldonado | 79 días sin aire

Fotografía: Reuters

 

 

Miércoles, 18 octubre, Argentina se encuentra a cuatro días de realizar elecciones legislativas. Los principales medios argentinos hacen parar las prensas, el eco es unánime, el heraldo es negro: “Se ha encontrado un cuerpo en el río Chubut”. El hallazgo se da 79 días después de la desaparición de Santiago Maldonado, un joven activista que acompañó a la resistencia mapuche contra el despojo territorial.

Santiago fue visto con vida por última vez 79 días antes, el 1 de agosto, y fue sujeto de una búsqueda implacable —en apariencia— por parte del aparato estatal argentino. Las inverosímiles declaraciones del gobierno de Mauricio Macri respecto a la desaparición del joven de 28 años despiertan la rabia y el dolor de un país —o por lo menos, de la mitad de él—, que hace tres décadas se dijo a sí mismo: “Nunca más”.

El torpe manejo de la información por parte de altos funcionarios, las constantes declaraciones contradictorias en los medios, la remoción del juez que originalmente analizó el caso, la exigencia ignorada de transparencia ante una particular opacidad institucional, la negativa a incluir peritos internacionales, el estado de conservación en el que fue hallado el cuerpo y una serie infinita de preguntas orbitan alrededor de uno de los casos que más ha indignado a la sociedad argentina desde el fin de la Dictadura Militar.

¿Es Santiago? Y si lo es, ¿dónde estuvo el cuerpo esos 79 días? ¿El cuerpo fue plantado? ¿Por qué los tres rastrillajes anteriores del suelo del río no dieron con él? ¿Por qué las sospechas? ¿Qué alimenta la incredulidad de un país en el que hace menos de una generación, un gobierno de orientación neoliberal cometió un flagrante genocidio de Estado?

 

 

EL PASADO DISFRAZADO DE PRESENTE

La historia argentina, al igual que la del resto de América Latina, es la historia del despojo territorial. A finales del siglo XIX, la llamada Conquista del Desierto culminó con la subyugación y el etnocidio de los pueblos mapuches, tehuelches y ranqueles que ocupaban los territorios de la Patagonia y la Pampa. El botín, 40 millones de hectáreas. Un siglo y medio después, y tras un largo historial de cambio de dueños, buena parte de esas tierras pertenecen a la multinacional italiana United Colors of Bennetton.

 

“Luciano Benetton, la cabeza del grupo empresarial, es el mayor terrateniente de la Argentina después del Estado nacional y las provincias. A través de la Compañía Tierras del Sud Argentino (sucesora de The Argentine Southern Land Company Limited), es dueño del 9% de las mejores tierras de la Patagonia. En total, la firma comercial, cuyo presidente es su hermano Carlo, posee 900.000 hectáreas repartidas en las provincias de Neuquén, Rio Negro, Santa Cruz, Chubut y en menor medida en Balcarce, en la provincia de Buenos Aires”[1].

 

El Señor de las Estancias, como es conocido Luciano en la zona, ha sido confrontado de diferentes formas por los descendientes mapuches que reclaman las tierras despojadas a sus ancestros, y se han visto inmersos en una serie de conflictos territoriales[2]. Los magistrados locales fallan desproporcionadamente a favor de los intereses de Luciano y su empresa. Santiago, en el momento de su desaparición, acompañaba a la comunidad mapuche Pu Lof, que se había establecido desde 2015 a orillas del río Chubut —provincia de Cushamen, Patagonia Argentina—, con el objetivo de establecer un campamento en resistencia contra el despojo de sus territorios ancestrales.

“Nos cansamos de ser indios buenos, el capitalismo se reservó siempre las mejores tierras y a los mapuches no nos dieron nada, nos dieron tierras improductivas o nos usaron como mano de obra barata. Queremos que Benetton se vaya, queremos tierras productivas y vivir en armonía con el territorio”, declaró Matías Santana, activista mapuche.

Santiago, tatuador y muralista, era un joven alto y delgado de 28 años. Participaba activamente en las causas que encontraba justas. Cuando estuvo en Chile, por ejemplo, se unió a las protestas de organizaciones pesqueras. Quienes lo conocieron, su familia, sus amigos, lo describen como un pibe viajero, alegre, juguetón, escribía poemas y compartía sus libertarios en redes. Se encontraba ahorrando para viajar a España, pero iba siempre a donde pudiera hacer amigos y acompañar luchas.

Hacía meses que se movía de un lado a otro de los Andes[3]. Unas semanas antes de su desaparición llegó a la localidad de El Bolsón, un pueblo patagónico conocido por albergar a artesanos y neorrurales —personas que abandonan la vida urbanita para vivir en el campo. En El Bolsón se haría amigo de miembros de la comunidad mapuche de Pu Lof, que entonces se encontraban protestando la detención arbitraria del lonko —líder en mapuche— Facundo Jones Huala.

Huala se encontraba en prisión preventiva desde el 27 de junio, día en que Mauricio Macri y Michelle Bachelet se reunieron en Santiago de Chile. El estado chileno había solicitado la extradición del activista, misma que fue denegada por el estado argentino tras comprobarse que uno de los testigos claves en el caso del incendio de una finca chilena en enero de 2013 había sido torturado[4].

 

“SIGAN, YO NO PUEDO MÁS”

Santi, originario de la provincia de Buenos Aires, acompañó a la comunidad Pu Lof hasta que desapareció el 1 de agosto a manos de agentes de la Gendarmería Nacional. El día anterior, lunes 31 de julio, los mapuches acompañados por Santiago cortaron la ruta 40 en forma de protesta, lo que generó tensión con los agentes de Gendarmería que ya cercaban la zona. Aproximadamente a las 03:30 hrs. del martes, el grupo levantaría el corte, ya que en ese momento no transitaba ningún auto. De regreso al campamento, comería su última cena. Pidió que en su plato no sirvieran pollo; era vegano.

Los campamentos comunitarios mapuches que ocupan territorio despojado son una afrenta a quienes actualmente se ostentan como dueños del territorio. Una práctica recurrente de la Gendarmería Nacional son los desalojos violentos [[5]][[6]] con el fin de desarticular sistemáticamente la organización del pueblo mapuche, que según el Ministerio de Seguridad Argentino (MSA), pertenece a la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), a la que se le adjudican robos de ganado, incendios y amenazas a terratenientes[7].

Elvira Gauna, integrante de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de Esquel desmiente la construcción mediática que se ha hecho desde el gobierno de dicha organización, que no se ha medido al tildarlos de subversivos y terroristas. “La RAM es una entelequia”, declaró en entrevista para el New York Times.

 

 

Aquel primer día de agosto, aproximadamente al medio día, los mapuches y Santiago reanudaron el bloqueo de la ruta 40. La respuesta de Gendarmería no se hizo esperar, y pronto comenzó la persecución. Los manifestantes, armados únicamente con lanzaderas de piedras, saldrían desperdigados por la súbita escalada en la violencia de los gendarmes.

Patricia Bullrich, que encabeza el MSA en el gabinete de Mauricio Macri, declararía durante sus comparecencias en el senado que en el operativo solamente se usaron balas antitumultos, lo que los mapuches contradirían, declarando que en el operativo se usaron balas de plomo. El secretario de Seguridad Interior y subordinado de Bullrich, Gerardo Milman, aseguraría después que el operativo consistió en “una persecución de quienes se resistían a la autoridad, encapuchados y con piedras”.

Santiago, quien había llegado poco antes el campamento, no estaba familiarizado con el terreno, en realidad ni siquiera había caminado más allá de algunos metros fuera del corto camino entre Pu Lof y la ruta 40. En el caos de la persecución, quedó rezagado hasta que se topó con el Río Chubut. No sabía nadar, y le tenía una fobia particular al agua. Un testigo protegido anónimo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, declaró que Santiago dio algunos pasos hacia el río, se paralizó y regresó a la orilla mientras le gritaba: “Siga, yo no puedo más, me vuelvo”, quedando a merced de los gendarmes.

Matías Santana, declaró que tras lograr escapar y ponerse a salvo del otro lado del río, observaría con binoculares cómo Santiago era sometido: “tres gendarmes forcejearon con Santiago, lo arrastraron hacia una camioneta y luego lo trasladaron a otra que partió hacia el sur”. Fue el último de sus compañeros en verlo con vida.

 

EL LIMBO

Pablo Noceti, jefe del gabinete de Bullrich, arribaría al lugar el 2 de agosto, afirmando en una entrevista radial —antes de que el caso se mediatizara de manera masiva— que se encontraba en la zona con el fin de coordinar “las fuerzas federales y provinciales para detener y judicializar a los integrantes de la RAM”[8]. El caso adquiría notoriedad rápidamente, pues al menos una parte importante de la sociedad argentina se ha vuelto completamente intransigente a la violencia de Estado. Son 30 mil, entre muertos y desaparecios durante la Dictadura. Pesan mucho sobre la conciencia colectiva.

“Nos prometimos a nosotros mismos nunca más, pero sigue pasando”, sentenciaría un mes más tarde uno de los organizadores de la marcha a un mes de la desaparición de Santiago Maldonado, el 1 de septiembre ante 250 mil personas en la Plaza de Mayo. Según cálculos de distintos medios, las protestas alcanzarían a lo largo y ancho de la Argentina alrededor de 1 millón de personas movilizadas, más otras tantas concentraciones en las embajadas albicelestes alrededor del mundo. Listas sinfín de organizaciones, partidos, colectivos y organismos se sumarían a la exigencia de la aparición con vida de Santiago Maldonado.

Se realizan operativos masivos de búsqueda: criminalistas, perros, drones, lanchas, buzos, especialistas en búsqueda de restos humanos, abogados, policías, bomberos. Se realizan tres rastrillajes del suelo del río, a lo largo de cientos de kilómetros. Nada.

Los estudiantes de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires llamarían a paro estudiantil, Ciencias Sociales lo replicaría. El profesorado comprende y secunda. Otras Facultades de la UBA y las Universidades públicas de las provincias se sumarían, con un grado variado de respuesta. Se organizaron charlas, mesas de diálogo, foros, conferencias, mateadas. Se escriben poemas y canciones, se hacen dibujos, botones, pinturas, murales, posters, pancartas, letreros y escraches. La cara de Santi, barbón, sonriente, con su mirada penetrante, se vuelve omnipresente en el espacio público.

Paralelamente, la toma de 28 colegios secundarios por parte de los estudiantes —práctica común en la lucha estudiantil argentina— reivindicaría, entre sus reclamos, la aparición del activista. Su rostro quedaría grabado para siempre en las primeras planas, las portadas de las revistas, las mentes y los corazones de quienes mantenían la esperanza.

Los funcionarios aparecían en los medios, declaraban, se contradecían, se retractaban, volvían a declarar. Se destituye al primer juez, con alegatos de incompetencia. Se presume intervención sobre el poder judicial. El proceso se vuelve opaco, complejo. Hay acusaciones de manejo inadecuado sobre el gobierno que, acorralado, contra acusa a las distintas organizaciones de politizar el asunto.

La familia de Santi, apoyada por multitudes, establecería un blog para dar comunicados oficiales, hacer convocatorias y alertar sobre cualquier noticia sobre su paradero. Mes con mes, día tras día, hora tras hora, la esperanza mengua. Las macabras estadísticas de las desapariciones forzadas así lo confirman: mientras más pasa el tiempo, la aparición con vida es menos probable.

Para el 1 de octubre, la concentración de personas en Buenos Aires será de menos de la mitad que la vez anterior. La angustia crece, se teme lo peor. Se acerca el día de las elecciones de mitad del periodo de Macri en el poder. Los analistas especulan en torno a cómo el caso Maldonado influirá en las elecciones: los resultados serán claves para anticipar los resultados de la presidencial de 2020.

 

 

LOS HECHOS Y LAS DUDAS

Miércoles, 18 de octubre. Leandro Rauta, prefecto que había coordinado las búsquedas anteriores, le sugiere al juez de la causa —hasta entonces presentada como desaparición forzada— realizar un cuarto rastrillaje del suelo del río “debido a las características que presenta el curso del agua”[9]. Los buzos se sumergen, y luego emergen. Encuentran algo.

Los primeros rumores empiezan a circular. Las prensas se paran. Los periodistas son llamados de emergencia para redactar. Las prensas reimprimen. La información en redes sociales fluye a la velocidad de la luz. Los principales medios lo confirman: se encontró un cuerpo en el Río Chubut, a 50 metros de donde Santiago fue visto por última vez. La familia pide paciencia, el país aguanta la respiración.

El limbo llega a su fin: es Santiago. Su madre, Stella, y su hermano, Sergio lo confirman el viernes 20 de octubre. La esperanza, aún viva, estalla. Muta en rabia, tristeza, bronca. Miles de personas que nunca le conocieron lloran, gritan, condenan. Los analistas especulan, los opinólogos diatriban. La izquierda llama a votar contra los asesinatos de Estado. Cambiemos, la coalición de los partidos de las derechas alrededor de Macri, gana por margen estrecho. Pero gana igual.

Los médicos forenses que realizan la autopsia son disciplinados y profesionales, no emiten declaraciones hasta que estén listos los resultados de las pruebas de laboratorio. Se filtra la primera información: las ropas de Santiago, diseñadas para proteger del frío austral, pesan 30 kilogramos mojadas. Se empieza a especular sobre los resultados de la autopsia.

La familia Maldonado pide paciencia y que se deje trabajar a los especialistas con calma y sin presiones. Pero el recuerdo de la violencia de Estado ahí está, persiste. Al menos una parte de Argentina se acuerda. La memoria. La verdad. La justicia.

Se consultan expertos, hay opiniones encontradas. Algunos afirman que el cuerpo no lleva más de una semana muerto, el estado de conservación del cuerpo de Santiago no concuerda con un cuerpo que lleva 79 días a la intemperie, además, los cuerpos flotan y Santiago fue hallado a 2.5 metros de profundidad, atorado entre las ramas[10]. Otros dicen que las bajas temperaturas del río ayudaron a conservarlo, y que la crecida provocada por el deshielo podría haberlo sacado del fondo en el que habría estado atascado[11].

No hay consenso. Soraya Maicoño, vocera de la comunidad Pu Lof declara que el cuerpo fue plantado: “Si hubiera estado desde un principio en el río los animales carroñeros lo habrían detectado, como pasa con las ovejas perdidas”. ¿Cómo es que 79 días y TRES rastrillajes del suelo profundo en el río Chubut no dieron con el cuerpo, y ahora sí? El secretario de Seguridad Interior Milman concluye: “Nunca descartamos ninguna hipótesis, solo no hemos convalidado posiciones que tenían un solo objetivo —político— sin pruebas”. Las opiniones están polarizadas, reflejan el estado de la aguda politización de Argentina.

La familia Maldonado recibe una llamada personal de Mauricio Macri, una carta manuscrita del papa Francisco y las condolencias de millones de personas sensibilizadas de todo el mundo. La familia se repliega de la escena pública, necesitan paz, tienen el derecho de llorar a su Santi.

El duelo comienza, el reclamo de justicia persiste. Somos millones quienes nunca lo conocimos, pero lo considerábamos un compañero, un amigo. Porque un desaparecido, un asesinado, no es solo eso, es mucho más: es hijo, es hermano, es novio, es sobrino, es tío, es nieto, es primo, es amigo, es compañero. Es un ser humano, y su muerte, como escribiera John Donne, disminuye a toda la humanidad.

Hace menos de una generación Argentina sufriría un genocidio de Estado, cuyos expedientes siguen abiertos. Más de tres décadas después, la herida que nunca ha terminado de sanar se ha vuelto a abrir. Hasta que las circunstancias de la muerte de un joven, que puso el cuerpo por las causas de los desposeídos, no se esclarezcan más allá de cualquier duda, no habrá cierre. Hasta que los responsables no enfrenten a la justicia, no habrá perdón, ni habrá olvido. Solo el tiempo y el reclamo incesante de justicia podrán cicatrizar las heridas de la historia. Santiago Maldonado vivirá en los corazones y las gargantas de quienes reclaman darle fin a la violencia de Estado para poder comenzar a construir, en paz, un mundo distinto. Santiago Maldonado está presente. Ahora, y siempre.

 

 


[1] https://www.infobae.com/politica/2017/09/10/caso-maldonado-la-oscura-trama-detras-de-la-pelea-entre-los-mapuches-y-benetton/

[2] http://www.lanacion.com.ar/2063713-hay-mas-de-200-conflictos-con-comunidades-aborigenes-en-el-pais

[3] https://radiocut.fm/audiocut/marcos-ampuero-santiago-siempre-daba-nombres-falsos-yo-no-sabia-que-se-llama-asi/

[4] https://www.clarin.com/sociedad/confirman-nulidad-juicio-extradicion-jones-huala_0_Bycvg7zPW.html

[5] https://www.pagina12.com.ar/13833-entraron-a-matar-relataron-los-mapuches-de-cushamen

[6] https://elpais.com/internacional/2017/01/12/argentina/1484245950_028758.html

[7] http://www.lagaceta.com.ar/nota/740100/actualidad/que-ram-grupo-resistencia-mapuche-preocupa-al-gobierno-nacional.html

[8] https://radiocut.fm/audiocut/entrevista-al-jefe-de-gabinete-del-ministerio-de-seguridad-pablo-nocetti/

[9] https://www.pagina12.com.ar/70115-las-razones-del-juez-para-hacer-el-rastrillaje

[10] http://www.mdzol.com/nota/760513-criminalista-si-el-cuerpo-tiene-unas-y-pelos-la-persona-murio-hace-2-o-3-dias/

[11] https://tn.com.ar/politica/santiago-maldonado-el-frio-la-clave-que-ayudaria-identificar-el-cuerpo-encontrado-en-el-rio-chubut_828318

 

 

 



 
Manuel Alvarado Salazar (Querétaro, 1991) estudiante de licenciatura en Sociología en la UAQ. Ha colaborado en la revista Amarillo, el semanario Tribuna de Querétaro, y en organizaciones como TECHO y Amnistía Internacional.

 

 
 

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