El «Che», ícono que dignifica la derrota.

En el año 2001, acompañé a mi papá a dar una conferencia sobre impuestos a un congreso indígena organizado en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Entre los ponentes se encontraban Rigoberta Menchú, personas que trabajaban en Organizaciones No Gubernamentales y  personal del Banco Mundial.  Era el mes de febrero y el indigenismo tomaba fuerza en el país; el zapatismo iniciaba en esos días una gira por varios estados y cerraría en el Zócalo de la Ciudad de México. Con el foxismo –que resolvería el problema de Chiapas en 15 minutos– y la alternancia en el poder, se daba el debate de la ley indígena, y los zapatistas tuvieron voz en la cámara de diputados. Conocemos la historia posterior, la traición de la izquierda partidista al EZLN y la aprobación de una ley indígena hecha con las patas.

Mi papá iba a hablar a sectores productivos indígenas sobre la legislación fiscal mexicana. Antes de él, habló una persona del BM y las cosas estuvieron un poco… calientes, digamos. Los participantes, en su mayoría indígenas, consientes del fenómeno globalizador en el mundo y de la forma de actuar del Banco Mundial, increparon al ponente cuestionándole el papel que cumple el organismo a nivel mundial. En seguida fue el turno de mi papá, y como yo iba de su ayudante, fui el encargado de conectar su computadora al proyector. En cuanto pude sacar señal de la laptop a la pantalla, la gente comenzó a levantarse y a aplaudir. Mi papá le daba la espalda a la proyección y de pronto no supo si le aplaudían a él o a quién.

¿Cuál era el motivo de los aplausos desenfrenados de los 200 asistentes al congreso? Días antes, yo  había puesto en su computadora como imagen de fondo en el escritorio del Windows la mítica foto del Che Guevara que le tomó Alberto Korda. Tenía 20 años, y el Che me encantaba.  Imagínense la tensión en la ponencia del ejecutivo del BM, que habló  de la manera como ayudaban a los países en vías de desarrollo, y pues podemos entender que para las comunidades indígenas, que están muy politizadas y que son muy conscientes de su entorno y del mundo, el FMI y el BM son organizaciones no gratas, culpables del endeudamiento de muchos de los países del tercer mundo, a los cuales les imponen políticas económicas en beneficios del capitalismo. La imagen del Che Guevara en la pantalla fue la que levantó a un público eufórico, liberó un poco la tensión en ese auditorio y los asistentes de pronto sintieron que tenían a un ponente de su lado.  Mi papá, antigobiernista, se dio vuelo en aquel escenario.

¿Qué es lo que encanta del Che Guevara?  ¿Qué es lo que hace que la gente se pare a aplaudir su imagen? A penas hace unos días se cumplieron 50 años de su asesinato en Bolivia y parece que la historia no se termina de escribir en torno a su persona. Su vida y su muerte fueron el guión exacto para la construcción de un mito, y los mitos viven a través de la energía que emanan del misterio. Y lo que encanta del Che es eso, el misterio que envolvió al hombre a lo largo de su vida: hoy se sigue investigando qué pasó en el Congo, qué pasó en Bolivia, qué pasó entre él y Fidel, qué pasó con su cadáver. El Che sigue siendo un misterio.

No podemos entender la vida política y social de América Latina sin la historia de la revolución cubana, suceso que convirtió en santo a Ernesto Guevara. Y más allá de sus infinitas contradicciones, la imagen del Che siempre ha sido cautivadora, sobretodo en un mundo que fue aplastado por la victoria capitalista… ¿qué representa hoy, a 50 años de su muerte? Es el ícono que dignifica la derrota de un modelo utópico que pretendía hacer un mundo mejor. Por eso la imagen del Che sigue siendo necesaria, porque dignificar la derrota es tener la razón más allá de la victoria, y la razón tendrá que estar del lado de quienes luchan por cambiar las circunstancias económicas y sociales de un mundo enfermo de capitalismo.

 

 

 



Danielopski. Autor de los libros “Cuentos ácidos para vidas sin remedio” y “La geometría de la Euforia”. Escribe para Tribuna de Querétaro y Catalejo. Director de Grupo IFO, dedicado a la capacitación empresarial y difusión cultural.

 

 
 

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