Diez años sin Kapuscinski

Han pasado diez años desde la partida de Ryszard Kapuscinski, aquel nómada que inspeccionó con una mirada escrupulosa el mundo. Polaco de nacimiento, se diría más bien que fue un ciudadano global, carente de nacionalidad, un hombre de mundo que entendió de inmediato que para indagar la naturaleza humana, había que conocer de primera mano las costumbres, tradiciones y culturas concebidas por los hombres y aún más, sumergirse sin atisbo en ellas. Humanista antes que escritor, experimentó desde el matadero, las vilezas a las que pueden llegar las sociedades infectadas por la avaricia, la corrupción y la sed del poder. Alzó con fuerza la voz contra las injusticias cometidas en nombre del progreso. Fue pues, un periodista comprometido con devolverle sentido a su profesión al hacer de la escritura el principio rector de su propia vida. 

Las obras que dejó como testimonio de su labor, a menudo reflejan el ímpetu de su trabajo de campo, en los territorios más inhóspitos, peligrosos y olvidados.  Zonas a las que grupos de minorías y marginados llaman hogar. Kapunsciski gustaba –como si se tratase de un llamado innato– de abordar asuntos sombríos que nos demandan abandonar toda pasividad e indiferencia, y que terminaban por eliminar cualquier postura e idea simplista sobre los mismos: la vida íntima de dictadores, las guerras, la violencia, la discriminación, y las revoluciones –lo mismo en África que América Latina y Asia–.

Retrató el lado oscuro e incómodo de la sociedad, producto de un sistema –geo– político-económico que nos empecinamos en no reconocer al creerlo tan ajeno y distante a nuestro modus vivendi. Es por ello que la maestría de Kapunsciski se halla entre muchas otras cosas, en la manera de recordarnos nuestra corresponsabilidad sobre el incesante horror que se expande, sin importar fronteras físicas, ideológicas o religiosas.

Sus libros, bellas quimeras que entremezclan el periodismo, la literatura, la historia y la lírica, se transfiguran en cartografías de un tiempo en declive. Donde el horror parece siempre hallar nuevas formas de superarse, y sin embargo el mensaje del autor es claro y contundente frente a lo narrado: La resistencia y colaboración como formas de oposición a lo que se nos quiere presentar como una realidad inalterable.  

Como se aludió en el comienzo del texto, este grande del periodismo, permeó positivamente en la resignificación de su profesión. Apoyado de la congruencia de su labor, recobró la esencia central del periodismo contra las prácticas envilecidas de los medios corporativistas de comunicación. Muchas de sus reflexiones acerca del tema se hayan recopiladas en distintos medios incluidos el libro: Los cínicos no sirven para este oficio/sobre el buen periodismo y que se vuelve una lectura indispensable para quien pretende dedicarse al nada sencillo trabajo de narrar historias.

Han transcurrido diez años desde su muerte. El mundo continúa engendrando monstruos y vomitando atrocidades. Y aunque el gran narrador todo terreno no se halle más entre nosotros, su bizarro legado ético y humanista, continúa acompañándonos. Un periodista completo de múltiples matices sobre el cual se seguirá escribiendo mucho, pero sobre todo, al que se regresa gustoso sobre todo en tiempos oscuros como los que nos rondan. ¡Que viva Kapunscinski, aún en la muerte!

 

 

 



Iván Landázuri (Oaxaca, 1990). Ha colaborado para diferentes revistas como: Registromx, Penumbría, Letrina, Escopeta, Monolito, Síncope, Scf-Terror, Sic Fazine, Yerba, Errr Magazine, Hysteria, Apócrifa Art Magazine, Cloroformo, entre otras.

 

 
 

Revista Saltapatrás es una publicación digital independiente de periodismo, análisis y difusión cultural que apunta al ejercicio crítico desde la diversidad y la integración de opiniones.

Nosotros

CARTELERA

team1
team2
Back to Top