El nosotros

Cada vez que leo las notas sobre María de Jesús Patricio Martínez, candidata independiente a la presidencia nacional y vocera del EZLN, me alegro. Sin embargo, hay algo oscuro en la forma en que los medios de comunicación propagan su postura política. Imagino, que más por la falta de costumbre que por intención, es para todos nuevo involucrarnos con una aspirante que no es blanca, que no es hombre, que no es clase alta o media. Muchas de ellas afirman que representa a los pueblos indígenas, que es independiente, que hubo alboroto en su registro[1]. Pocas de ellas, sin embargo, habrán leído el comunicado original del Enlace Zapatista. En él, Marichuy, no se oferta –y uso esa palabra porque tal parece que así percibimos a los políticos– a sí misma como disidente. En su lugar, se utiliza el nosotros:

 

“Por primera vez se abre la posibilidad de que una mujer indígena, vocera del C.I.G., el cual está construido de decenas de pueblos originarios, aparezca en la boleta electoral y, sobre todo, obligue a que la agenda de los pueblos originarios y las y los trabajadores pobres de nuestro país sea puesta en el tablero nacional y vayamos más allá de este sistema político”.

 

Estamos tan acostumbrados a percibir la política como algo tan ajeno y tan fuera de lo que somos que, muy poco, podemos percibir que ir más allá del sistema político sea posible que, incluso, no podemos identificarnos como originarios o como trabajadores de nuestro país y aún más que, nosotros, seamos de urgencia en el tablero nacional. El nosotros es una categoría compleja: somos –cada uno y los que no están– parte de este acto subversivo que en México representa estar vivo. Nosotros somos parte de los daños colaterales de un país deteriorado política y económicamente pero también somos, aún más detrás del sismo, la necesidad de pertenencia a un sistema en que las divisiones internas y la desigualdad económica e inequidad sean extremas o insalvables. Nosotros es una categoría a la que debemos acostumbrarnos.

Rüdriger Safranski, afirma que la comunicación despersonaliza cuando no fortalece y une. Es decir, cuando no dice de todos o de lo nuestro. Podríamos ir más allá de lo gramatical, al decir que cuando algo no puede nombrarnos, no solo nos separa, sino que nos quita la persona que somos.  “No podemos permitir que todo entre en nosotros. Bajo el diluvio de la información estamos perdidos sin un sistema eficiente de filtros: menor rapidez y más reflexión, cultivar el sentido de lo local y el apartamiento…” Convendría, entonces, cuando hablemos-escribamos de María de Jesús Patricio Martínez que podamos asumir el nosotros que tanto nos hemos hecho olvidar.

 

 


[1] Además, suele tratarse al EZLN como un grupo repentino pero recordemos: Esta postura política no es gratuita, no se dio de la disolución repentina de interés o ideales. Es el trabajo de más de 20 años del EZLN y de sus comunidades y de sus integrantes. En otras palabras: no es una novedad.

 

 

 



Gabriela Cano (Guanajuato, 1988) estudió Letras Españolas en la UG y la Maestría en Enseñanza de Estudios Literarios en la UAQ. Se desempeña profesora. Escribe columna semanal en la revista digital Golfa.

 

 
 

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