Sobre «El ocaso de la tristeza» de Salvador Elizondo

Nunca he deseado mentir sobre mis estados de ánimo. A veces, he huido de conversaciones simplemente porque tenía sueño o me quedé en casa, en lugar de convivir, porque el gato se quedó dormido encima de mí. Últimamente, no estoy tan alegre. Parece poco probable, pero muchas personas que conozco también han adquirido estos comportamientos un poco ermitaños y otro poco llenos de saudade.

Es tan común, que parece que nuestro entorno es puramente melancólico o que entre nosotros no es abrumador admitir la tristeza metida hasta en los minutos en que lavamos los platos o recogemos nuestros diminutos patios. Cosas poco importantes son invadidas por eso que ya no dudamos en negar y que, de a poco, se ha convertido también en una rara especie de sentido del humor. Quizá tiende a creerse que nos reímos de otras más graves: cosas sad, le llamamos.

Salvador Elizondo, escribió que la tristeza estaba condenada a desaparecer. En parte, por la modernidad, que dificulta con su fugacidad dicho sentimiento.  Vista, en su forma literaria, a través de los diarios y las confesiones o –en su estado avanzado– en novelas como el joven Werther se expresa de forma paradójica. A veces es un motivo, pero otras la ausencia de uno, a veces es trágico y lleva a la muerte y otras es un placebo o una melodía lejana como las que se ponen cuando un teléfono está en espera.

No es que no sea importante pero, tal parece, es imperecedera y puede acoplarse perfectamente a nuestros hábitos más ridículos o, incluso, a aquellos que deberíamos estar disfrutando de momento, como acariciar un gato o salir temprano del trabajo o poder ser alcanzado por el viento de la tarde. Tal como escribe Elizondo "podría decirse que el defecto principal de la tristeza es su carencia de interés o de sustancia". Mientras que, en la novela de Goethe, el protagonista cruza su ojo con una bala algunos se han acostumbrado a traerla entre las sienes.

 

 

 



Gabriela Cano (Guanajuato, 1988) estudió Letras Españolas en la UG y la Maestría en Enseñanza de Estudios Literarios en la UAQ. Se desempeña profesora. Escribe columna semanal en la revista digital Golfa.

 

 
 

Revista Saltapatrás es una publicación digital independiente de periodismo, análisis y difusión cultural que apunta al ejercicio crítico desde la diversidad y la integración de opiniones.

Nosotros

CARTELERA

team1
team2
Back to Top