Lo vivo

Últimamente no escribo porque no puedo leer mucho. Y entonces ocurre que mis ideas no se conectan o no pueden crear otras. De vez en cuando pienso que tengo una madeja de hilo completamente desordenada en la cabeza como si mis palabras y lecturas estuviesen ahí sin hacer sentido. La razón es que mi abuelo está enfermo. No es una excusa, pero sí un vértigo distinto al cotidiano. Quizá, sin quererlo, piensa uno que puede ser más sencillo no tratar de explicarse nada y ya.

Pero justo eso me llevó a pensar en lo vivo. En el temor que le tenemos porque es demasiado vulnerable porque se acaba cuando un par de células empiezan a funcionar de forma distinta o dejan de hacerlo y, en un puñado de pulsaciones, ya está uno yendo a una sala de estar hospitalaria con la cara de que no ha cometido un error o de que no merece sentirse como se siente.  Se toman las pastillas y los tratamientos y uno espera abandonarlos como quien dejó de ser adicto y de pronto descubre que su organismo está limpio o nuevo otra vez.

Cuando leí Salón de Belleza de Mario Bellatin aún estaba en la universidad. Todos los personajes padecían algo que nunca se nombraba y, en la medida de la novela, se iban deteriorando igual que los peces dentro un acuario cuando ya no se limpia. Lo extraño es que dicho proceso, tan terrible y doloroso, era también increíblemente bello porque dejaba apreciar las mutaciones del propio cuerpo y de los otros.

En otro modo, aquel libro me abrió un poco la perspectiva sobre nuestra temporalidad. Una no necesariamente amable que parece incluso no tener un motivo por el qué retenernos en este mundo pero que está ahí disfrazada de neurotransmisores y órganos y tripas que también ven la noche de las habitaciones y el aparecer del sol o que pueden recordar el mar y el olor de alguna lejana panadería y que si cerramos los ojos nos hace sentir el latido del corazón.

 

 

 



Gabriela Cano (Guanajuato, 1988) estudió Letras Españolas en la UG y la Maestría en Enseñanza de Estudios Literarios en la UAQ. Se desempeña profesora. Escribe columna semanal en la revista digital Golfa.

 

 
 

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